14 mar. 2013

Estudio del ámbito familiar en familias con hijos adolescentes...o cómo me toca las narices ver padres con la inteligencia emocional de un ladrillo (opinión y humor)



 NOTITA IMPORTANTE
A veces ocurre, lector, que te encuentras ante una situación tan insultante para la inteligencia emocional humana que en vez de seguir tu ética e idiosincrasia te sulfuras y comienzas a despotricar con barbaridades. Bueno, digamos que en cierta ocasión eso me ocurrió a mí, y me gané a un enemigo que bien podría ser un ladrillo. Con esta palabra me refiero a aquellas personas carentes de la inteligencia emocional, pero no en un sentido psicológico (es el caso de los caracterizados como psicópatas) sino en el sentido de aquellos humanos con los que te cruzas todos los días y no sabes por qué actúan de esa manera tan fatal para los que lo rodean o aman. Vaya, de los caracterizados como capullos. Para mí son simplemente ladrillos.
Así que no tengas en cuenta ese humor tan negro que a continuación leerás, todo ese sarcasmo, ironía y palabras hirientes por las que me gané cierta enemistad. Si lo estás leyendo, hay un 99% de posibilidades de que esto no vaya contigo. Tómatelo con calma, léelo tranquilo o te pondrás furioso, y deja de leer si no te gustan algunas palabras malsonantes. Relajación y paz ante todo. Lo publico porque espero que en nuestro país quede cierta libertad de expresión. Me disculpo por lo que vas a leer, y a la vez no. Es que la persona a la que dirigí este escrito lo necesitaba de verdad. Creo.
No tengo ni idea de psicología aparte de lo que he podido observar en mis años de existencia. Esto no pretende ser un estudio serio ni un ejemplo a seguir. Es simplemente una manera de quitarme un peso de encima. Por suerte mis padres molan, pero conozco  a otros que…miradlos en la foto. Pues eso.
Las críticas que se queden fuera, porque es un texto literario humorístico, no NADA SERIO. Repito. Va en serio. Va en serio que no es serio. En serio.

INTRODUCCIÓN
La adolescencia es una etapa por la que pasa todo ser humano. Se caracteriza por ser conocida como “la edad del pavo”, en la que los sujetos muestran normalmente un inconformismo con lo establecido (se alejan de la realidad paterna para crearse una propia), con cambios tanto psíquicos como físicos.
Seguramente es el tiempo del que los padres se quejan más, caracterizando a sus hijos como “una hormona andante indomable”. He aquí la primera falacia de generalización. Cada persona presenta los típicos problemas de la adolescencia en distintos grados. Podemos encontrar tanto adolescentes completamente salidos como personas tranquilas y racionales.
¿Y qué quiero decir yo con todo esto? Lo resumo: padres, no os quejéis por tener un hijo adolescente, que con inteligencia se los controla fácil. Eso sí, si os equivocáis es que tenéis la inteligencia emocional de un…¡ladrillo!
 (La autora no se hace cargo de las protestas y argumentaciones estúpidas que se levanten de leer este texto. No es una loca descerebrada. Solo está cabreada).

1. LA AUTORIDAD NO LO ES TODO
Típico fallo de padres autoritarios: pensar que sus hijos están en un cuartel militar. Nada más lejos de la realidad. Con una pizca de autoridad se puede conseguir que el adolescente te haga caso, pero no debe ser nula ni excesiva. En el primer caso, el sujeto pasará de cualquier norma que se le establezca. En el segundo hay muchas más reacciones, por lo que debe ser estudiado a fondo.
Atendiendo a los casos en los que la autoridad es aplastante, puedo afirmar que los sujetos tienen varias formas de defenderse. La primera es desligarse emocionalmente de los padres (al no recibir amor ni compensación por sus acciones rechazan a su familia y poseen el deseo de abandonar el hogar cuanto antes, ya que sienten que las personas del exterior les comprenden mejor). La segunda puede ser un auténtico caos: discusiones continuas provocadas por la más mínima chispa, rechazo ante todas las tradiciones, costumbres o normas establecidas por la susodicha autoridad, búsqueda de la libertad con escapadas continuas. La tercera es acostumbrarse y pasar del tema, no al alcance de todos y que puede conllevar cansancio psíquico. La cuarta y última es caer en depresiones o enfermedades relacionadas con el autoestima personal (crece con rapidez la anorexia entre adolescentes).

1.1.  TIPOS DE AUTORIDAD
Atendiendo a la naturaleza de la autoridad, se pueden diferenciar dos:
Primera: autoridad racional y lógica, que permite ser discutida, argumentada, defendida y atacada, en un diálogo constante entre progenitor e hijo. Ejemplo: el padre (llamémosle X) le manda a su hijo (Y) apagar la música y el sujeto se niega rotundamente.  Y pregunta a X el por qué de tal mandato, y X contesta que le duele la cabeza pero más tarde cuando se le pase o ahora con los cascos puede seguir escuchando la música. Lo que parecía el comienzo de una discusión entre autoridad y subordinado se convierte en un apaciguamiento exitoso, ya que ha ofrecido razonamientos y la lógica de la situación es correcta.
Segunda: irracional e ilógica, no permisiva, no argumentable ni rechazable. X le manda a Y que apague la música y el sujeto se niega. Y pregunta por qué debe hacer tal cosa. X le dice que se calle y la apague sí o sí, porque sí. Hay dos salidas posibles: querer seguir con la música y entrar en discusión (que no va a ser tal porque X no va a ceder en ningún momento ni a argumentar de forma válida) o apagar la música y obedecer sin saber el por qué (peligroso hacerlo en el futuro).
La segunda autoridad no podrá ser entendida por un observador externo de cierta madurez mental (por un niño de tres años en la etapa de la negación tampoco, pero es un tema aparte).
Para que mi argumento resulte creíble, tengo aquí un estudio de Baumrind que refleja la relación entre los tres tipos de autoridad y el carácter de los hijos:
"Los padres permisivos son afectuosos y razonan con sus hijos, pero son excesivamente condescendientes, no controlando ni exigiendo demasiado de ellos. Estos tienden a ser menos competentes, menos seguros de sí mismos y más dependientes." (Falta de autoridad paterna)
"Los padres autoritarios ejercen un alto control, exigen obediencia y no muestran mucho apego. Los hijos de estos padres suelen ser hostiles, descontentos, retraídos y desconfiados." (Autoridad irracional)
"Los padres autoritativos combinan el control y la exigencia con las muestras de afecto y la comunicación. Los hijos tienden a ser seguros de sí mismos, controlados y autónomos." (Autoridad racional)
Y así queda demostrado que mis conclusiones son correctas, aunque no tenga ni idea de psicología.

2. ESTRAGOS DE LA MALA AUTORIDAD (Irracional)
Pingüinos aburridos, criaturas del mundo, lectores todos, tengo un problema con la autoridad estúpida. La autoridad que priva de libertad a los futuros adultos, que convierte una casa en una cárcel, que consigue hacer creer a los adolescentes que son menos que una hormiga. Y, ¿qué por qué me molesta tanto? Porque la adolescencia es una etapa en la que se necesita libertad.
Según muchos psicólogos, la adolescencia es una reafirmación importante de la personalidad, donde queda plenamente consolidada. Procesos relacionados a este son la autoimagen y la autoestima. Según mi punto de vista el autoritarismo familiar conlleva en muchos casos un obstáculo para que el sujeto desarrolle una autoestima elevada, importante a la hora de valorarse a sí mismo y tener relaciones con los demás.
La privación de la libertad en temas básicos, como pueden ser las amistades, elegir la música que se escucha o la ropa que se lleva es también contraproducente. El adolescente busca su propio camino separándose de los padres, y los que estos deben hacer es aconsejarlo pero dejarle elegir a él. Durante la adolescencia es común el deseo de pertenecer a algún grupo con el que se pueda identificar (tribus urbanas, modas, etc) y que forman parte de la generación de la futura personalidad.
Por lo tanto, los padres que impiden a su hijo manifestarse como es están limitando su derecho a la libertad personal, fundamental en el desarrollo pleno del ser humano. Llegados a este punto, pregunto:
¿POR QUÉ, PADRECITOS DEL MUNDO, QUERÉIS QUE VUESTROS HIJOS SEAN IGUALES A VOSOTROS? ¿QUERÉIS CLONES O QUERÉIS GENTE AUTÉNTICA, EH?
Aceptar sin rechistar la moralidad predeterminada de la autoridad trae consigo problemas. No se crea una personalidad real, sino una personalidad-imagen, que imita todo lo que realiza sus padres para no ser castigado. ¡Cacahuete!
Otra cosa sobre la autoridad estúpida (se permiten insultos porque esto no es un estudio serio sobre nada): pérdida de la comunicación con los padres. Cuando crees que si abres la boca tu padre o madre ya te va a soltar un guantazo o a denigrarte te callas, y aguantas, aguantas hasta que ves que los barrotes de tu jaula se han abierto y huyes para no volver la vista atrás jamás. Se lo merecen por ser ladrillos.
Las agresiones verbales y físicas dificultan también la comunicación familiar y el autoestima (ya, no sé si es “la” o “el”, pues ahora es una palabra transgénero, ¿vale?). Nunca oirás una conversación así:
-¡Hijo, aparta de una puta vez de ahí!
-Papá, mamá, os quiero.
-¡Ya intentas apaciguarme, bestia idiota!
-Pero si es la verdad…
-¡Cállate, hijo de perra!
-Acabas de insultar a mamá
-¡No me hables!

¿Qué estaba diciendo yo…?
Una autoridad idiota consigue tres cosas:
  1. Odio
  2. Odio
  3. Odio 
3. DE CASTIGOS Y PREMIOS
Padres, ¿oísteis algo sobre el condicionamiento clásico de Paulov? ¿Castigo y recompensa? Pues los humanos no somos perros.
Castigar cuando alguien hace algo mal está bien. Pero está bien si lo hace mal a propósito, no si ha intentado hacerlo con todas sus fuerzas y lo hace mal. Eso no debería ser castigado, porque en la mente resplandece el mensaje erróneo de “si lo intento y no lo consigo, no sirvo para nada”.
Recompensar cuando se hace algo bien está bien. Pero casi nadie recompensa. Sacas un diez y no te aplauden. Rompes sin querer un jarrón y te dejan sin cenar. ESTUPIDEZ MÁXIMA.
A los humanos nos encanta que nos halaguen, premien y recompensen. Es una palmadita en el hombro diciéndote “bien hecho, campeón”. Cuando crees que has hecho algo perfecto y lo que te espera es la nada, tal vez a la próxima vez te de igual hacerlo bien o mal, porque el esfuerzo no ha valido la pena. Cuando te castigan por cualquier cosa, tal vez ya te da igual liarla aún más parda, porque sabes que hagas lo que hagas vas a  recibir un castigo. Los castigos y premios deben ser racionales y estar relacionados con el tipo de personalidad, el estado anímico y el resultado de la acción. Sé que nadie me va a hacer caso, peeeeeeeeeeeeeeeeero la autoridad no va a conseguir que saques mejores notas o consigas un buen trabajo. Lo que consigue es que te consideres un desafortunado hombrecillo o mujercilla.

Después de un análisis cómico-oficial de todo esto (si no escribo idioteces me cabreo aún más) me toca la parte poética (para algunos, antiguas letras en griego indescifrables).
¿Qué ocurre sin encarcelas a un pajarito? Adiós a su libertad.
¿Pero si haces lo mismo con un humano? Adiós personalidad.
Lo más valioso que poseemos es nuestra libertad. Por eso, legalmente cuando arrebatas la vida a otro ser humanos, o sus bienes, te privan de la libertad. Obviamente no puedo comparar la libertad que tiene un preso en la cárcel con la de un adolescente en una casa autoritaria, pero me permitiré el lujo de hacer una metáfora.
Cuando llegas a una casa en la que tus padres te hieren emocionalmente, prefieres volver al colegio. Los estudios se convierten en un rayo de sol dentro de las tinieblas, donde conoces a personas que están casi más perdidas que tú. Volver al hogar es entrar en una zona tormentosa llena de rayos y truenos, donde mirar al futuro es ver un nubarrón negro, y mirar al pasado es una niebla que no te atreves a recordar.
Habrá personas con más aguante que otras, pero ninguna pasa por allí sin marcas en el alma. No poder confiar en las personas que te trajeron al mundo es una maldición, y tener que soportarlas todos los días una tortura.
Las buenas nuevas del asunto es que no todos los padres son así. Hay grados, y por suerte no suele haber casos extremos. Siempre se puede salir de esas situaciones en un futuro cercano, para gozar de la libertad que había sido privada y ver la vida con otros ojos. Y se puede recompensar a sus padres-ladrillo de una forma simple: no llamándolos por navidad.

En fin, digamos NO a los padres autoritarios sin sentido y demos gracias a Zeus porque no son una especie de humanos muy extendida. A más de uno le tiraría un ladrillazo. Me aguanto porque soy mayor de edad y yo y mi libertad nos queremos mucho.

Sar (Austen de apellido) no piensa resposabilizarse de lo que ha escrito. ¡Todo es culpa de Melo! (No sé por qué, pero me da igual, ahí tenéis una culpable, y como le toquéis un pelo va a mandar a su ejército de pingüinos contra vosotros. HE DICHO).

1 comentario:

  1. Muy coherente. Está claro que para ser padre no te exigen ninguna titulación ni preparación.Nos has hecho esperar pero ha merecido la pena.

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