4 dic. 2014

Pido disculpas por ser laísta; ahora pídeme disculpas tú a mí o la estigmatización de errores lingüísticos

«La dije que la amaba y la escribí una carta». Espero, lector, que te hayan sangrado los ojos, o los oídos si eres de los que lees imaginando una vocecita en tu cabeza. Prometo no volver a hacerlo. ¿Pero entiendes que esas «horrorosas faltas» son muy comunes para mí? El laísmo: empleo irregular de las formas «la» y «las» del pronombre «ella» para el complemento indirecto. Un vulgarismo dialectal, como lo llama cierto profesor de sintaxis. Una cosa que también hacía Delibes, jejeje, según alguna otra profesora. Tengo decenas de vulgarismos dialectales y «cosas que hacía Delibes». ¿Me convierte eso en vulgar o en Delibes? Espero que no en choni, al menos, ni en persona que vaya a escribir algo tan estresante como La sombra del ciprés es alargada. Solamente en cántabra.
Entiendo que la ortografía y la gramática sean completamente necesarias para entendernos. Y la sintaxis. Y todas esas normas que tiene la lengua en general. Entiendo que un mundo sin ningún tipo de regla sería un caos y, es más, no creo que pudiera existir. No me vengo a quejar de las reglas establecidas en la lengua (si no me crees, lee esta entrada: http://laspalabrasdesarausten.blogspot.com.es/2014/07/pequena-razon-por-la-que-sirve-estudiar.html), sino de la actitud de los hablantes.
¿Ves qué lugar tan mono? Pues tiene muchos laístas sueltos,
PELIGRO
«Oh, Zeus, una cántabra laísta quejándose de la actitud de…». Calla. Soy cántabra, soy laísta y soy filóloga potencial, lo que me da cierta autoridad para ver una norma desde las dos posiciones enfrentadas: quienes las reivindican y quienes sufren por su culpa.
Estuve bastantes años pensando que esas dos oraciones que dije al principio (las «horrorosas») eran perfectamente correctas en español, hasta que llegó el típico malnacido prepotente a meterse conmigo. El resumen, es, en fin, que me avergoncé de hablar como hablaba, y estuve un tiempo siendo más leísta que laísta por la ultracorrección que hice (ultracorrecciones: un hablante se quiere corregir tanto que se pasa y suele ir de un error al contrario, todo muy guay).
Que se me escape un laísmo forma parte de mi variedad del español (a saber, el laísmo es común en Cantabria y Castilla) y de mi idiolecto (conjunto de rasgos en la forma de expresarme que son muy yo misma. Que ningún filólogo me diga que no. Necesito a mi laísmo para sentirme yo). Esto nos lleva a la conclusión de que el laísmo forma parte de mi personalidad (como deslizarme por encima de las mesas de clase para no obligar a los compañeros a levantarse para dejarme pasar o leer libros en el tejado. Lo mismo, vamos). Los horrores forman parte de mi personalidad. Los errores lingüísticos (gramaticales, sintácticos, morfológicos, léxicos) son parte de la zona oscura de mi alma de filóloga.
Si nunca dijera laísmos, ni tuviera acento cántabro, ni utilizara el verbo «triscar» para «crujir» o el sustantivo «Zeus» para decir «Dios», estoy segura de que las personas que me conocen me acabarían preguntando que si estoy bien. Que si me estoy perdiendo a mí misma. Y, porras, no quiero hacerlo. Solamente en una situación muy formal, pero porque los protocolos desdibujan la personalidad de cualquier persona.
Ciertos profesores de lengua, la televisión, la opinión de los demás nos llevan a reírnos de aquellos que comenten errores lingüísticos. Y, como ocurre siempre, no nos damos cuenta de que todos los cometemos, porque ni tan siquiera los de la RAE son sabios omnipotentes que escapen a los pequeños fallos. Y los universitarios tampoco se libran, ni de reírse de mí ni de cometer errores. Lo siento, no hay nadie perfecto.
Pediría, muy por favor, que si me oís diciendo algo raro o encontráis faltas en mis escritos os acercarais, me dierais una palmadita en la espalda y me dijerais: «Esto no es español estándar correcto-correcto para este nivel formal de escritura». Y entonces yo respondería: «Gracias, colega». Y todos felices, y salvamos la lengua de paso (nota: no creo que por evitar que yo diga laísmos salvemos la lengua, es una exageración. Solo salvaríamos los oídos de los no laístas).
Sin embargo, las personas son más de «OH, ZEUS, ME SANGRAN LOS OJOS», de «¡Mira qué incultura!» o «Pobrecito, qué barbaridades dice». Son más de reírse de acentos en vez de imitarlos porque les suenen guay, son más de lanzar diccionarios a la cabeza. Sí, a mí también me gustaría tirar diccionarios a la cabeza a ciertas personas, pero solamente cuando me sacan de mis casillas. Luego me ofrecería a darles clases de lengua gratis.
¿Ves qué puesta de sol sin sol? Pues PELIGRO MÁXIMO,
hubo laístas observándola y sacando fotos.
El resumen de esto es fácil: los errores lingüísticos duelen, pero puedes solucionarlos en vez de reírte de quienes los cometen. Que, en algunos casos, es reírse de la incultura de los demás, de su torpeza, de su origen o de su forma natural de hablar. Y ya que hablo de errores, aclaro que para mí los errores son un ente abstracto e imaginario que se han inventando algunos escogiendo otros modos de hablar con otros errores más aceptados por ellos mismos. ¿Vale?
Me tengo que quejar de una última cosa que me duele unas ochocientas veces más que el hecho de ver estos «errores» (¡Oh, por Atenea, qué será!). En las redes sociales han surgido un tipo de personas que van de «Lo sé todo de la lengua y nunca cometo una falta» que se dedican, expresamente, a corregir a los demás de manera más que borde (y lo sabré yo bien). Y son los que califican a las personas como «hablante que habla “bien” y hablante que habla “mal”». Muy omnipotentes.
Sé que hace un tiempo vi un tweet de uno de estos seres (con una cuenta del tipo @Ortografía) que llamaba incultos a los que hacían no recuerdo qué, que yo sabía que estaba aceptado (como el leísmo de persona en singular si el objeto directo es masculino: «Vi a Juan». «Le vi» o «lo vi»). Le contesté señalándole el error. Pasó de mí. Voy a poner un ejemplo más rebuscado e inventado para que os hagáis una idea:
Ser de Twitter dice: «Los incultos escriben dos signos ortográficos incompatibles seguidos, como el punto y la coma».
Aquí llega Sar y contesta: «Hay excepciones, como si “etc.” termina una enumeración abierta, pero la frase continúa y se necesita coma para señalar esta enumeración. Ejemplo: “Sus libros, sus cuadernos locos, sus escritos perdidos, etc., alfombraban el suelo de todo su reino”».
¿Ves qué entrada tan de fantasía épica?
Pues los laístas pueden bajar por esas
escaleras.
Nunca jamás cabrees a un filólogo que ha estudiado una asignatura como «Español Normativo» porque te puede sacar excepciones y normas que avalen su forma de escribir incluso de debajo de las malditas piedras.
Pero más importante: nunca jamás cabrees a nadie por meterte con él o con su forma de hablar, que tenemos otros problemas que solucionar. Y, para tu información, hiere sentimientos de la gente sensible, normal y con coraza. A ver qué conclusiones sacas de esto, además de que alguien me tiene que defender por ser cántabra.
Saludos a todos los que cometen errores.
No saludos a todos los que comenten errores y aún así se meten con la gente.
Feliz vida de todos modos a todos-todos-todos. Sed felices. Pero no a costa de los demás.
PD. La RAE acepta tanto «legible» como «leíble», no toquéis las narices a la gente. Id a dormir. Confesaos con la almohada. La hache mola porque es muda, pero bien que se queja si no la pones. Esto sí es el final. Deja de leer. Este texto, no en general. Nunca dejes de leer.

21 nov. 2014

Nieve sobre el sol (experimento literario)

La chica tuvo que dejar de leer la novela justo en el momento en el que uno de los protagonistas caía de rodillas en la nieve. Le dio la impresión de que se había sumergido con él, pues sentía el cuerpo frío por el viento, pero ardiente por el sol. El hielo puede cortar tanto como el fuego, las sensaciones se mezclan, el calor se convierte en frío o el frío en calor. La cegadora luz del sol le impedía leer en unas páginas tan blancas, y el personaje se quedó de rodillas en la nieve mientras ella se dejaba vencer por los rayos.
Morgan estaba saltando de un lado a otro, sin alcanzar nunca su objetivo. La chica pensaba en cómo sería esa presa desde los ojos de la gata, pero dejó de pensar en el insecto y se centró en el pelo reluciente que el animal tenía en el pecho. Sus ojos azules habían cambiado de presa al ver que la abeja se alejaba volando hacia el cielo; se centraban en un saltamontes que intentaba escapar entre la hierba. Morgan, de todos modos, no lo mataría: era piadosa o demasiado torpe, eso la chica nunca lo sabría.

PD. Lo único importante era saber escribir cualquier cosa sobre algo cotidiano. Y ponerle un título raro. Conseguido entonces. 

31 oct. 2014

Creepypasta: El lienzo de las vendas (especial Halloween)

Al investigar un incendio forestal ocurrido en los montes de la cordillera cantábrica, uno de los que tuvo mayor repercusión, el equipo técnico dictaminó que el fuego había comenzado en una pequeña casa de madera. Allí encontraron, además de varios cadáveres consumidos por las llamas en el interior, un móvil con muchas llamadas perdidas del mismo número. Al recogerlo, vieron que eran de un tal «Jorge Clase». Al no recibir respuesta, comenzaron a investigar los últimos whatsapps y mensajes enviados, pensando que tal vez el muchacho quemado que estaba en el suelo, a unos cuantos metros y, al parecer, arrastrándose hacia él, podría haber intentado pedido ayuda.
Viernes
16: 34. Eh, Jorge, ¿no te apuntas a venir este finde? Al final uno de mis amigos ha conseguido que sus abuelos le dejaran su casa de veraneo, en mitad de un monte, para celebrar su fiesta de cumpleaños “responsablemente”. ¡Lo vamos a pasar genial! Dime si puedes venir o no.
17: 00. No, tío, me tengo que quedar a cuidar a mi primo.
17: 01¿Seguro que no quieres venir? Mario ya está molesto porque la mitad de sus amigos no han respondido aún (no parece que vayan a venir).
17: 02 No es que no quiera, es que no puedo. ¡Pasadlo bien!
17: 02 ¡Nos vemos el lunes!
Sábado
16: 46 ¡Eeeeh! ¿A ti no te gustan las pelis de terror? Hay aquí un cuadro que da un cague flipante.
16: 50 ¿Un cuadro? ¡Manda una foto!
16:51 ¡Es un tío lleno de vendas!
16:51 Ni tan siquiera se sabe si es un hombre o una mujer o si son vendas o papel higiénico. El pintor no es bueno.
16: 53 Eso lo dices porque no lo tienes en mitad del salón.
16:53 ¿Qué, estáis todos cagados? ¿Eh? Jajajajajaja
La fotografía a la que los dos se referían no aparecía en el chat. Solamente se podía ver el archivo borroso, como si no se hubiera descargado, y cuando intentaron hacerlo aparecía un mensaje informando de que el archivo ya no se encontraba en la tarjeta de memoria. De todos modos, el cuadro que encontraron entre los escombros representaba claramente a una mujer entera vendada.
23: 32 Hemos oído ruidos en el salón. Las chicas están cagadísimas, te lo pasarías genial metiendo miedo. Marcos ha traído una araña de mentiras, ya verás.
23: 45 Deja de darme envidia de una vez.
23: 48 Oye, ha bajado una de las chicas y aún no ha vuelto.
23: 48 ¿Quién?
23: 48 Noelia.
23: 49 ¿Esa es la pelirroja de cuarto? Entonces os esperará para daros un susto, a esa no le puede pasar nada.
Domingo
00: 15 No la encontramos por ningún lado, joder.
00: 16 ¿Me tomas el pelo?
00: 16 ¿Crees que te vacilaría con eso?
00: 17 Decidle que vais a llamar a sus padres si no aparece, volverá corriendo.
00: 19 Estoy empezando a preocuparme de verdad. Hemos vuelto a oír ruidos.
00: 20 ¿Habéis tomado algo?
00: 21 ¡Que no!
00: 45 ¿Sigues ahí? ¿Ha aparecido?
00: 46 El maldito cuadro me está mirando.
00: 47 Estáis hasta las cejas de maría o algo.
00: 48 Te digo que mira fijamente y me parece que tiene menos vendas.
A partir de ese momento no había más mensajes, pero sí un vídeo. Al descargarlo, pudieron ver parte del cuadro al que se refería en los mensajes anteriores. Una respiración algo entrecortada se oía, mientras alguien decía que deberían alejarse de aquel lugar. Solamente se veía la esquina inferior derecha del cuadro, de la que colgaba lo que parecía ser una venda blanca.
El vídeo terminaba unos segundos después, cuando ese trozo de venda parecía comenzar a quemarse ante los gritos del grupo de amigos. Los investigadores encontraron una tabla de ouija casi irreconocible bajo las cenizas y unas cuantas velas negras y blancas, por lo que supusieron que algún gracioso había puesto papel higiénico cerca del cuadro para asustar a los demás y las velas habían hecho el resto.
Lo que no llegaron a explicarse es por qué los demás murieron quemados, si habrían tenido tiempo suficiente de salir al jardín e incluso de apagar el pequeño incendio. Jorge, varias decenas de kilómetros más allá, había muerto con su primo en un incendio que comenzó en la cocina de su casa, donde se consumió también el móvil que podría tener el archivo del cuadro.
Tendrían que pasar años hasta que la obra reapareciese en un viejo desván, donde la encontró un viejo coleccionista y restaurador interesado en cuadros extraños de determinadas épocas históricas. Este lo inspeccionó y encontró en él algunos pelos rojizos. Sin darle demasiada importancia, lo dejó en mitad de su tienda para seguir con él a la mañana siguiente.
Al volver, se encontró con un pequeño mensaje a la altura de la mano derecha de la figura femenina que hasta entonces no había visto. Unos pequeños rayones formaban la palabra «socorro» a la inversa, como si hubiera sido escrito desde dentro. El restaurador se colocó sus gafas y comprobó que eran recientes. Revisó las cámaras de seguridad y vio acongojado cómo nadie parecía haber entrado ni salido del local aquella noche.
Después de investigar la procedencia del cuadro y ver los archivos de la desaparición de la chica, se puso en contacto con la policía para intentar encontrar alguna explicación. Sin embargo, antes de que le respondieran, la tienda de antigüedades fue pasto de las llamas y el cuadro desapareció. Según dicen algunos, ha vuelto a su lugar de origen, con una nueva figura de un hombre con gafas que espera un nuevo incendio… y nuevas víctimas.

PD. ¡Feliz Halloween! El maldito cuadro existe, lo vi en una casa antigua. El resto podría pasar. Digo yo.


29 oct. 2014

Halloween es satánico o argumentos rocambolescos para impedirme que lo celebre

Notita maléfica: Si lees lo siguiente, puede que te conviertas en satánico, aunque seas ateo. (Solo si te convenzo de que me dejes celebrar Halloween en paz. Si no te convenzo, que la cabeza cortada de la foto te persiga en tus pesadillas. Con amor. Es en realidad muy plasta hablando. En realidad esta es una opinión mordaz y con humor, no me mates).
En algún momento apareció en Twitter una pseudocampaña (digo tal porque de campaña por extensión tiene poco) contra Halloween afirmando que era una fiesta satánica. Según algunos de ellos, «solo por el hecho de celebrarlo [Halloween] estamos participando en las obras infructuosas de las tinieblas y por ende le estamos rindiendo culto a Satanás» (si no te lo crees, te paso la captura de pantalla, que por temas de «no sé si se puede compartir en mi blog personal o no» no lo he puesto aquí).
La cuestión es simple: llevo desde los diez años celebrando Halloween y soy agnóstica, no he asesinado a nadie, no he comido niños, no he matado gatos negros y ni tan siquiera he tirado huevos a los que no nos daban chucherías. Ergo, ¿soy satánica de todos modos?
¡Sí, Sar, lo eres! ¡Eres maravillosamente satánica y no lo sabes! Aunque seas agnóstica y, por lo tanto, ni niegues ni afirmes la existencia de Dios y, por tanto, ni niegues ni afirmes la existencia de Satán. Pues eso.
Debo señalar, de todos modos, que aquellas personas cristianas que afirmaron que tal fiesta era satánica fueron muy educadas conmigo (intuyo que porque no les dije que lo celebraba) y me intentaron explicar que en Halloween se asesinan niños en México (lo que ni afirman ni desmienten ningún periódico fiable) e incluso en Estados Unidos. Expliquemos esto último mejor. Muchos me redirigen a una página en la que la policía de Los Ángeles explica cómo celebrar Halloween de manera segura (sin decir nada de asesinatos). Los policías señalan que los niños no deben subirse en coches de desconocidos, deben mirar a los dos lados de la calle para cruzar, deben mirar bien si lo que les dan está manipulado, si van disfrazados que su máscara los deje ver (para que no los atropellen), etc. No veo que tenga relación con lo que afirman de que asesinan niños, sino que como es una celebración hay que tener cuidado porque todo el mundo está en la calle, despistado, por lo que hay que extremar las precauciones (sí, los ladrones pueden aprovechar un partido de fútbol para que la gente esté despistada y puedan robar en las casas vacías en ese momento). El link: http://www.lapdonline.org/crime_prevention_tips/content_basic_view/7724
Por cierto, pregunté al Twitter de la Policía Nacional española si lo de «asesinar niños» en Halloween era una leyenda urbana y no me contestaron. Gracias. Los cristianos anti-samhain sí. De nada.
Cuando estas personas anti-samhain no me hablan de esto, siempre señalan a Cristina Kneer de Vidal, que supuestamente es una exsatánica que afirma que los satánicos celebran Halloween y hacen sacrificios humanos, pues el 31 de octubre es como su año nuevo para una persona «normal». En primer lugar, siento confirmar que no encontré nada de esta mujer en Internet fuera de círculos cristianos (siento no darlos por válidos ante un tema así, pero esperaba confirmarlo con alguna fuente). 
Nota aclaratoria: encontré un artículo de opinión (repito, de opinión, no una noticia) en El Universal, periódico venezolano, hablando de esta mujer. Redirigía de nuevo a una página cristiana, Aci Prensa, lo que desde un punto de vista periodístico es poco fiable. Esto para que sepas que he investigado. Agradecería que alguien encontrara una noticia de esta índole en un lugar menos… no sé qué adjetivo poner aquí.
¿Ves los ojos de Satán en la foto? Pues
entonces el fuego de mi chimenea es
satánico y yo aún no me había dado cuenta
Otro dato: mi amigo estadounidense me ha dicho que lo han invitado a una fiesta de Halloween… que celebra su amiga mormona. Por lo tanto, que quede claro que no todos las personas creyentes están en contra. O al menos, algunos mormones no.
Dato curioso: existe la samhainofobia, que es el miedo a Halloween (mi informadora Uve me lo comunicó). ¿Entonces estas personas que dicen que es satánico son samhainfóbicas o…prefiero no insultar.
Entre mis amigos pregunté y lo único que salió en claro es que ninguno lo consideraba satánico (alguno me dijo que quien lo creyera era un «imbécil, malinformado, loco o pobrecillo») aunque algún otro entendía, a su manera, la visión que tiene la gente para creerlo:
«Había oído que es la celebración del nuevo año celta. Aunque si fuese un extraterrestre, viendo a todo el mundo vestido así sería lo que pensaría. De todos modos Halloween es celta y Asturias fue celta, podemos celebrarlo con sentido».
«Nunca lo había escuchado, pero supongo que como está ligado a cosas terroríficas la gente lo asocia a eso».
«Satánico será de forma ficticia, en el sentido de que todo es siniestro e intenta parecer malo. Fiesta satánica es para aquellos que están mal de la cabeza y se dedican a imbecilidades como en Estados Unidos. Alguna vez lo escuché en relación a eso, pero no pienso que sea algo perverso que pueda cambiar conductas o algo así».
«Jajajaja, la calabaza del demonio!!! Invoquemos a Satanás con caramelos!!! Despistemos a la gente disfrazándonos para que los asesinos salgan matando al grito de truco o trato!!!».
«Es una fiesta simpática, pero es posible que tenga raíces relacionadas con la muerte, el satanismo o la brujería».
«Eso solo lo dicen los religiosos y tal. Cosas de fiestas paganas. Me molan las fiestas paganas y las brujas. Como el cartel de la manifa aquella, “somos las bisnietas de las brujas que no pudiste quemar”. Halloween me parece una fiesta en la que puedes decir: “¡Hey! Sigo aquí, muahahahaha, no has podido acabar conmigo y busco venganza”».
«¿Eso implica que todo lo satánico es malo? Yo creo que hay culto a lo demoníaco, pero en un sentido pagano. O sea, no por celebrar Halloween se ataca a la religión. No son demonios cristianos, no es satánico. Hades es un demonio, pero no cristiano. Todas las religiones son algo satánicas».
«Lo he leído. Y por esa regla de tres, sería satánico ver pelis de terror o leer libros de miedo, ¿no? Aunque igual esa gente también lo piensa. Es una fiesta, un juego».
«Eso de que es satánico lo ha dicho la Iglesia, ¿acerté? ¿Eh?».
«Supongo que tiene sentido para ellos, por eso de que se celebra la muerte».
«Eso es un argumento cristiano para acabar con la fiesta».
«Es una afirmación que me produce risa, a no ser que consideres que los Estados Unidos son la representación del mismo Diablo. Entonces sí».
«Me parece un poco estúpido decir “No a Halloween” como si fuera una nueva reforma del PP».
He dado las opiniones de los cristianos anti-samhain y de mis amigos (ateos, agnósticos, cristianos, musulmanes) sobre cómo mola. ¿Sabéis quiénes quedan? Los satánicos. Una cuenta de Twitter que afirmaba ser de la Iglesia de Satán me marcó un tweet como favorito (¡Oh Zeus! ¡Señal olímpica!) y no pude no entrar en su página. En las preguntas frecuentes aparece «¿Ustedes realizan sacrificios?» y contestan que no. Exactamente, que les parece una práctica arcaica y supersticiosa.
Sin embargo, aquí se me acaba la información al respecto. Porque no me han contestado. Y no conozco satánicos, a no ser que considere como tales a todos los que celebran Halloween, por lo que entonces Halloween mola y no hay sacrificios. Y, ojo, aunque los satánicos celebrasen Samhain como el «cumpleaños del Diablo», no cualquiera que vea pelis de terror ese día es satánico, ni tan siquiera si pide caramelos. A no ser que sea un satanista ateísta, que no cree en Dios ni Satán, sino que está en contra de las religiones. Entonces es satanista, amigos, y no satánico, porque le sale de las narices, no por celebrar Halloween.
Dejando atrás a los que lo critican llamándola «fiesta satánica», tengo persiguiéndome ferozmente a los que dicen que es una «americanada», aunque todo el mundo me afirme que es una celebración celta (europea por lo tanto) de despedida del verano en la que se creía que los muertos volvían como espíritus y se disfrazaban para asustarlos. Y los reyes magos son cristianos, y a mi conocer antes de los cristianos hubo celtas en España, por lo tanto, ¿qué tradición es más antigua? No voy a discutir de tradiciones que soy yo la que he tomado como propia celebrar Samhain sin matar a nadie, los días 28 de cada mes hacer algo y comer pizza de atún en Eurovisión. Me callo.
Oh, y los que dicen que es una fiesta consumista. Pues, no sé, yo creo que... Navidades, consumista, Todos Los Santos, consumista, cumpleaños, consumista, santo, consumista, ir a la playa de juerga, consumista, comprar, consumista. (He tomado la definición de la RAE de consumismo: Tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios. Quien no tenga algo innecesario en casa que tire la primera piedra).
Ahora me toca meterme con cosas que he leído anti-Halloween que m'an matao (más). En este link (http://defendenosinproelio.blogspot.com.es/2013/10/los-simbolos-de-la-noche-de-halloween-y.html) se compara al trasgo con los fantasmas, las brujas y las banshees, como diciendo que es malo. El trasgo solo te pierde cosas en casa, los fantasmas pueden ser simpáticos y las banshees son irlandesas. Las brujas, no sé, ¿se refiere a todas las mujeres inocentes que quemaron en la Edad Media?
Defiendo al pobre trasgo pierdecosas. Y al pobre gato negro. Los gatos negros son bonitos. Dejad a los gatos negros en paz. ¿Veis que la discriminación hacia ellos es como racismo aplicado a animales? Pobres.
Dato final: La Iglesia Católica defiende la idea de que Halloween no es una «fiesta inocente» porque «tiene un transfondo de ocultismo y anticristianismo». La Conferencia Episcopal declaró que hay riesgo en que costumbres paganas e importadas como esta festividad prevalezcan, porque harán desaparecer nuestras costumbres cristianas arraigadas y beneficiosas. (Créeme: http://www.elmundo.es/elmundo/2009/10/26/espana/1256574185.html).
Este es Fantomas, el fantasma que vive
entre el hueco de la escalera y el perchero
de mi casa y que es adorado por renacuajos satánicos.
Querida Iglesia, como persona no creyente, defiendo mi derecho a rescatar fiestas más antiguas aún que las cristianas, como puede ser Samhain o La Vijanera (carnaval precristiano celebrado en Silió, Cantabria), sin querer hacer por lo tanto daño a fiestas cristianas. No por elegir una condeno a la otra, no por celebrar lo que me da la gana obligo a los demás a hacerlo.
La visión cristiana de la muerte no me gusta: si existe el paraíso, no hay por qué llorar a los muertos, pero puedes hacerlo si quieres. La muerte debería ser igual de celebrada como la vida, aunque sé que por nuestros sentimientos no podemos. Sin embargo, aceptar que la muerte es parte de la vida es un paso importante. Es un paso que quita mucho peso de encima. No me critiques por no llorar ni salir corriendo al ver a alguien disfrazado de fantasma, no me critiques por pasármelo bien reuniéndome con los amigos que echo de menos y hace meses que no veo para ver películas de terror. No me eches en cara que no me dé miedo la oscuridad. No me prohíbas celebrar lo que quiero.

5 oct. 2014

Gracias por los premios y los abrazos jamás entregados o Dejadnos crear lo que queramos

Uno de los mayores temores de muchos artistas es quedarse sin inspiración. Dejar de repente todas las páginas en blanco, todas las notas silenciadas, todas las tablas vacías y los movimientos quietos. Dejar de sentir la vida de la misma manera, sin sacar de ella ningún provecho artístico, ocultos en el caparazón de sus sentimientos y de la nada.
A mí me llegó el momento de ver morir a los personajes, ver cómo se perdían las historias en la nada, los lugares en el olvido y los sentimientos se esfumaban. Me tocó sentir que las letras se me escapaban entre los dedos, que se reían de mí desde un poco más allá del papel y la tinta, que gritaban cosas demasiado dolientes y obscenas como para reproducirlas en cualquier lugar. Me tocó mirarme las manos y pensar que con ellas no podría volver a escribir nunca más.
La causa podría estar en el pesimismo, en la angustia, en querer que todo salga perfecto y desesperarme o en el día a día. Tal vez mi día a día no era duro para nadie, excepto para mí misma; tal vez mi día a día pasaba borroso ante mis ojos, lleno de críticas, de dudas y de estúpidas mentiras.
Tal vez, solamente tal vez, ciertas personas se volvieron completamente claves en la balanza que hacía mi mente entre «eres una mierda» y «eres genial». Tal vez, solamente tal vez, dos personas superiores a mí (en el sentido social, no ético) me trataban como si fuera gilipollas o quisieran herirme (o me lo parecía); tal vez, seguramente, todos mis amigos me intentaban subir los ánimos intentado hacerme ver por qué no les tenía que hacer ningún caso.
Tal vez, solamente tal vez, hace poco me harté y tuve que hacer caso a uno de esos amigos que pasó de su buen rollo a estar serio para decirme, en resumen, que no debía hacer caso a gente que me podía herir. Seguramente desde entonces me he puesto una armadura, he cogido una espada y tengo ganas de cortar cabezas, pero seguramente me he dado cuenta de que seguir los pasos de las personas a las que NO te quieres parecer no es la mejor opción.
Por lo tanto, he decidido dejar de ser vulnerable ante esas personas, siguiendo mi razonamiento: que hay muchas personas así, maldita sea. Hay tantas personas que te repiten una y otra vez que todo lo artístico que haces es una mierda. Esas personas que te dicen que quieren ser críticos de arte y te sueltan cosas como que los poemas no pueden ser irregulares si quieren ser buenos, o que tienen que rimar en consonante. Que los personajes de las novelas siempre tienen que ser redondos, que el argumento siempre tiene que ser único. Que, aunque tú tengas tus personajes, ideas, notas, y sepas perfectamente qué hacer con ellas, si no lo haces como te dicen lo haces mal. Que no puedes innovar. Que es mejor seguir los caminos que ya han sido desgastados por miles de escritores, de pintores, de músicos, de cineastas, de bailarines. Que no puedes crear lo nuevo.
Y, por otra parte, hay personas que tienen algo dentro, un duende, ahire, una inquietud que las lleva a crear, grandes o pequeñas obras, magníficas o terroríficas. Se presenta como una necesidad de su alma, como algo que es así porque no podría ser de cualquier otra manera. Una huida de la sociedad que no quiere escucharte, o un refugio, o un juego. Sea por lo que sea que crean, tienen que crear, y su creación les regala una sonrisa.
Algunas personas se lo pasan bien destruyendo a las demás, seguramente pensando que sus palabras hacen menos efecto del que hacen en realidad. Algunas personas no se dan cuenta de sus actos, son como son porque nacieron así, y son capaces de matar a todos tus personajes. Te digo, en serio, que no son dioses que pueden controlar la vida de los demás, el arte que surge de entre las tinieblas.
No tienes que tomarte a pecho la opinión de alguien que ni te conoce; no tienes que tomarte a pecho las ideas que tiene alguien que jamás se va a dignar a darte un abrazo, ni a saludarte con la mano, porque eres demasiado indigno. No tienes que tomarte a pecho el veredicto de un jurado cuando no escojan tu arte, porque lo que para ellos puede ser desastroso puede salvar a una persona de la soledad. No tienes que hacer caso de lo que los demás digan de lo que haces, solamente tienes que pararte a escucharte a ti mismo y comprender qué es lo que quieres y qué es lo que necesitas. Si necesitas, como yo, ir corriendo a salvar a esos personajes que te han matado, hazlo. Si necesitas componer, hazlo. Escribir, pintar, dibujar, montar una obra de teatro, hacer una película, bailar, hacer el maldito pino con las orejas, qué más da. Sigue firme, como una roca, sigue hacia delante y deja atrás a cualquiera que te quiera criticar.
Y con todo esto quería decir una cosa, que me recuerda demasiado a un escrito que tengo de hace años. Cuando los profesores querían que fuera por ciencias, publiqué en la revista de mi instituto una crítica titulada «Dejadnos ser lo que queremos». Pues, señores, ya sé cuál va a ser el título de hoy. «Dejadnos crear lo que queramos».


PD. Me piro corriendo a rescatar a Fir, que no merece caer en la nada.

18 sept. 2014

El soldado del infierno

El soldado del infierno, 
entre un gran fuego rojo y cegador, 
camina sobre las tumbas de víctimas
odiadas sin compasión.

El soldado del infierno, 
sin detenerse apenas a pensar, 
muestra sus blancos dientes afilados 
con los que aprendió a luchar.

A dentelladas le llega 
la furia de su rojo corazón, 
corazón que tiene roto y ajado, 
y que perdió en un rincón. 

A dentelladas camina 
lentamente y mirando alrededor 
sin ver que él es a la misma vez 
la víctima y el matador. 

El soldado del infierno 
pide con los ojos salir de allí, 
pues sus muchas víctimas se levantan 
y lo intentan perseguir.

El soldado del infierno 
no vive en la casa con Satanás, 
habita en los estados democráticos 
de un mundo para olvidar. 

Los soldados del infierno 
pueden ser ateos o no, 
pero todos imploran a Dios 
que los perdone por tanto dolor. 

28 ago. 2014

Veranos guardados en la memoria

Bajo sus pies enjaulados en unas sandalias podrían construirse imperios decadentes, edificios de arquitectura imposible, bosques sagrados o lugares innombrables. Bajo sus pies podrían escribirse y borrarse historias enteras en un segundo. Bajo sus pies podrían quedar grabados los nombres de las personas que soñaban con la eternidad. Sin embargo, bajo sus pies incluso sus propias huellas se desdibujaban, incluso las huellas del pequeño aterrizaje de una paloma desaparecerían tarde o temprano. No puedes construir lo eterno en lo perecedero.
De todos modos, tal vez lo que conseguía que nadie quisiera construir sus imperios con ese pequeño material era su color: incluso un castillo construido por las manos infantiles más afanadas sería negro como la noche y nadie se atrevería a compararlo con un palacio de cuentos de hadas. Sin embargo, años atrás una niña había hecho lagartos gigantes de un negro reluciente y bañado por el mar, negando con la cabeza si alguien le aseguraba que aquello era un cocodrilo. La niña había crecido y se había adentrado en el mar para convertirse en una sirena, habiendo dejado a sus espaldas un hueco vacío en la arena.
No sabía si había elegido mal el día, pero bajo sus pies no había castillos ni lagartos ni juegos escritos con piedras que tuviera que evitar. Tal vez había elegido mal el año y ni tan siquiera la sirena podría dirigirle hasta las profundidades llenas de colores. Tal vez había elegido mal la década y en la playa ya había demasiada basura, demasiado sudor y demasiadas personas. O tal vez había elegido mal el siglo y ni un fantasma podría mostrarle cómo fue el litoral antes de que la vorágine del turismo se lo tragara.
Con los años todo parecía cambiar alrededor de la playa: las edificaciones, los nombres de las calles, los paseos, las plantas, los puestos de helados, los idiomas y las caras de las personas. Sin embargo, siempre que volvía la arena negra le esperaba bajo sus pies, salpicada de rocas volcánicas. Su mirada siempre seguía al joven que llegaba presuroso, dejaba sus chanclas y se lanzaba al mar evitando olas y surcando mundos en busca de su sirena. Sus ojos siempre se tropezaban con el hombre que atravesaba las rocas, el salitre y el polvo para que los visitantes tuvieran algo que comer mientras el sol se ocultaba. Sus oídos captaban siempre el murmullo de las olas, los gritos de las gaviotas y las risas de los niños. Y el mar siempre lo esperaba, imperturbable.
Aquel día no había niños que cogieran las olas con sus tablas ni jóvenes jugando a las palas; no vislumbraba a la loca que intentaba subir por los cocoteros ni al que practicaba malabarismos. Lo que sí había aquella tarde en la playa era un anciano de pelo blanco sacando fotografías al horizonte con una ternura envidiable y un padre que le enseñaba a su hijo cómo rebotar piedras en el agua.
La playa seguía como siempre y había cambiado. Los años se mezclaban en su cuerpo mientras su mente intentaba recordar. El hombre que fue allí a rememorar su niñez se despidió del lugar con una inclinación de cabeza, sintiendo miles de promesas bajo sus pies: el mar le susurró un adiós, las palmeras y los cocoteros le hicieron una reverencia y el sol le regaló un rayo verde justo antes de que él volviera la vista y se mezclara entre el ruido y la música de la civilización.

Recuerdos comprimidos de casi veinte veranos en Puerto Naos (La Palma), escritos en la misma playa. Dedicado a todos los canarios que me trataron como si no fuese goda y a todas las personas que han llenado mis ratos libres de risas en cualquier momento del año. Sed felices.


29 jul. 2014

Pequeña razón por la que sirve estudiar filología hispánica (opinión)

Cuando iba al instituto estaba bombardeada por las frases de profesores que decían cosas como «¿Pero vas a desperdiciar tu inteligencia en letras?», pero digamos que había otros explosivos más extraños aún: «¿Vas a estudiar español? ¡Ya sabes español!».
Lo único que se me ocurría decir era: «¿Vas a seguir viviendo? ¡Si ya has vivido! ¿Vas a venir más al instituto? ¡Si ya has venido! ¿Para qué estudiar más matemáticas, si ya sabes sumar, restar, dividir y multiplicar?». Me acusaban de llevar la cosa al extremo, porque «vivir», «ir al instituto» y «aprender matemáticas» «servía para algo» y, obviamente, estudiar lo que yo quería «NO».
Les intentaba explicar eso de que para escribir bien hay que saber español (no digo ni tan siquiera bien ortográficamente, sino sintácticamente o con estilo). No me entendían. Les explicaba que hay que comprender ciertos mecanismos del idioma para que tu interlocutor no se quedara con cara de idiota. No lo entendían. Para todos aquellos que no lo entendían, tengo preparadas dos anécdotas para dejarlos con cara de idiota.
El otro día, paseando por la Magdalena, en Santander, me encontré con el ejemplo necesario. Lo importante es que el siguiente párrafo lo leas de una vez, como se deben leer los textos informativos que deberían ser, sí, fáciles de leer. Así que atención:
«Mascarón de proa original de la Marigalante, que fuera construida en Alvarado, Veracruz, México, en los años 1980-1987, rememorando la que perteneció a Juan de la Cosa, cartógrafo del primer Mapamundi incluyendo América, realizado en el año de 1500, embarcación que se hundiera en Haití el 25 de Diciembre de 1492, comandada por Cristóbal Colón, con el nombre de Santamaría. Regresó a su casa Santoña, Cantabria, 500 años después para homenajear así a tan egregio marino».
Problema según mis amigos criptofilólogos: aposiciones asfixiantes, demasiadas comas (asombrados de que eso pudiera estar esculpido en bronce. Su consejo: releer los textos antes de hacer esto). Voy a intentar redactarlo de nuevo para que se entienda algo mejor:
«Este es el mascarón de proa original de la nave Marigalante, construida en Alvarado (Veracruz, México, 1980-1987) para rememorar la que perteneció a Juan de la Cosa, cartógrafo del primer mapamundi (realizado en 1500). La embarcación de De la Cosa se hundió en Haití el 25 de diciembre de 1492, comandada por Cristóbal Colón con el nombre de Santamaría». Y… regresó a su casa Santoña, Cantabria, 500 años después para homenajear así a tan egregio marino [esto hay que explicarlo mejor].
No entendía la última oración, pues seguí este razonamiento:
1.¿Quién vuelve 500 años más tarde? ¿Juan de la Cosa? No tiene sentido.
2. ¿La Santamaría? No, porque se hundió.
3. ¿La Marigalante? No, porque es un barco 1987 y eso no nos deja 500 años por medio. El error está aquí: El Diario Montañés explicó que «la nave ‘Marigalante’ […] cinco siglos después retornaba, en la mañana del 22 de noviembre de 1987, a su punto de origen, gracias a la gesta del navegante y aventurero cántabro Vital Alsar». (Enlace: www.eldiariomontanes.es/v/20121125/region/otras-noticias/bienvenida-casa-marigalante-20121125.html). No es el mejor verbo aquí: la Marigalante, aunque era imitación de la Santa María, no era esta, por lo tanto nada pudo regresar en realidad 500 años más tarde. Con licencia poética, si se la queremos dar a los periodistas, sí.
Otro ejemplo perfecto me fue proporcionado al ir una tarde con amigos para bañarnos en un río. Fue Ángela, creo recordar, la que me señaló un cartel riéndose de lo que ponía. Y esto era, amigos, «Prohibido defecar perros». He aquí la imagen.
El genio que puso el cartel no se paró a pensar en que «defecar» es un verbo que se utiliza como transitivo, es decir, que puede poseer un complemento directo. Al poner «perros» detrás, un hablante de español entenderá que es su complemento directo o, como diría cualquiera, que está prohibido «cagar perros». Cagar cualquier otra cosa no conlleva la sanción de cien euros.
La cuestión es que el cartel intenta indicar que los perros no pueden defecar. Sin embargo, no se han dirigido ni tan siquiera a ellos (por ejemplo: «Perros, prohibido defecar») ni a sus dueños («Prohibido que los perros defequen»), sino a cualquiera que, al parecer, pueda defecar perros.
Ejemplos extraños de utilización del lenguaje hay muchos, pero de estos tengo pruebas. El problema, más que el segundo ejemplo (que para mí es cómico, pero se entiende), es aquellos textos que son ininteligibles, como ocurre con el primero.
Para entendernos, señores, es para lo que sirve estudiar español. Gracias por leer esto. Gracias por haberlo entendido.

PD. Que nadie se sienta herido. Cada cual utiliza el español como quiere. Incluso el que esculpió esas letras en la Magdalena. Solo apunto que, quien quiera ser comprendido sin esfuerzos, debe ser algo más cauteloso. Si le da igual, da igual.


1 jul. 2014

Breve crítica a los profesores desalmados (crítica y opinión)

Si alguna vez doy clase y comienzo a insultar o criticar destructivamente a mis alumnos, quien lea esto tendrá el derecho de darme una bofetada si anteriormente me avisa de lo que estoy haciendo y no reacciono.
Los profesores son aquellas personas que te deben acompañar y guiar en el aprendizaje porque, que yo sepa, no se nace sabiéndolo todo. Eso sí, hay profesores que consideran que esto que acabo de decir es falso, profesores que consideran que si no lo sabes todo no es por culpa de tu educación anterior, que puede haber sido realmente desastrosa, ni culpa de que seas humano (los humanos no tenemos una memoria perfecta ni nos coordinamos siempre al cien por cien [el que jamás se haya caído que tire la primera piedra], ni tan siquiera podemos razonar siempre bien [por cansancio, emociones o despistes, qué más da]). Para algunos profesores, lo haces mal porque eres idiota y torpe y no has estudiado lo que, por cierto, ni tan siquiera sabías que existía. Y no hablo solo de profesores de colegio, instituto o universidad, sino de coche y cursillos también. 
El coeficiente intelectual varía de una persona a otra, pero alguien con uno muy alto puede ser un desastre en ciertos ámbitos. Pues bien, señores profesores, si somos un desastre, seamos inteligentes o no, no hace falta que empleen las palabras y expresiones «es un horror, desastre, horrible, fatal, impresionantemente mal, eres un peligro, horroroso, horripilante, bufbufbufmadremía». Si a un alumno le señalas que algo está mal, ya pilla la «indirecta» (intento pensar que están creyendo que «está mal» es un indirecta y que creen decir lo mismo, pero directamente, con palabras «horripilantes», aunque a mí me parece añadir un toque de desprecio innecesario). No hace falta introducir más adjetivos negativos, casi todos sinónimos, poniendo la zancadilla al alumno para que pierda el equilibrio de sus emociones y de su alma. No hace falta ponerlo en evidencia delante de todo el mundo diciendo que es un «inútil», sino señalar los errores cometidos de forma suave para no asustar al alumno del fondo que agacha la cabeza por la timidez y el temor que tiene a preguntar sus dudas.
Cuando un profesor es agresivo, los defensores dicen que es «autoritario» y que tiene «problemas personales». Si un alumno se comporta como él, es un maleducado que comete mil millones de errores y falta el respeto. La autoridad, señores, no da pie a tratar peor a los que están por debajo, ojo, pues esos a los que pisotean siguen siendo seres humanos con sentimientos, no piedras.
Los profesores deberían motivar, no desmotivar a sus alumnos con humillaciones innecesarias. Si tienen un torpe delante, como yo, que inspiren y espiren y piensen en ellos mismos cuando no sabían todo lo que saben hoy, a ver qué tal les iba, a ver si se metían con ellos injustamente aunque se esforzaran por aprender.
Ojo, profesores buenos también hay: bromistas, los que ponen tanta pasión que te arrastran detrás de ellos, los que piensa cómo mejorar sus explicaciones, los que se quedan noches trabajando para sus alumnos, los que dan ánimos. Sin embargo, esta entrada odiosa va para los desalmados: los que no tienen alma y prueban a ver si la de sus alumnos es redonda y con una patada puede rodar como un balón.
Notita maléfica: Si os metéis con alguien puede que en el futuro sea vengativo, o que tenga poder y se niegue a ayudar por los desprecios que hicisteis. Cruzad los dedos para que vuestros alumnos tengan alma y ética.

Atentamente y sin cariño, El Karma.

5 jun. 2014

1984 y Rebelión en la granja, mundos distópicos de George Orwell que no lo son tanto (páginas imperdibles)

[Críticas positivas de libros sin spoilers, por si los quieres leer]
La integridad, ser uno mismo, con todas tus partes, con tu luz y tu oscuridad, es algo imposible en los mayores mundos distópicos que se han creado a lo largo de la historia de la literatura. También, por supuesto, en los de Orwell.
La sociedad de 1984 es una distopía (lo contrario, como se puede ver, a una utopía). Las distopías suelen girar entorno a sociedades futuras en las que algo ha fallado tanto que se convierten en lugares oscuros y monstruosos, pero no a la manera de las películas de terror a las que estamos acostumbrados. Se vuelven oscuros por la represión, el normativismo, las reglas inquebrantables, las inexistentes diferencias entre los humanos (en el sentido de distintos pensamientos, de que alguien superior intenta convertirlos en un rebaño, pues suelen ser mundos en los que las clases están aún más marcadas que de costumbre, acercándose, por ejemplo, a las castas de la India).
Esta historia se sitúa en un futuro Londres, lugar donde el Hermano Mayor vela por ti (sabiéndolo todo, vigilándote), donde «La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud y la ignorancia es la fuerza». Un verdadero futuro de ciencia-ficción (y no de fantasía, por lo que la réplica futura no se excluye). Un lugar donde no estás seguro ni en tu cabeza, donde las telepantallas, la Policía del Pensamiento, tus vecinos, tus amigos, tus hijos, tu pareja, cualquiera puede denunciarte para que acabes donde «no hay oscuridad».
Las traiciones al gobierno suelen ser por realizar un «crimental», un «crimen mental» en nueva lengua (una inventada para manipular al pueblo, para acortar lo mucho que una lengua natural puede ayudar al pensamiento y a la creación de nuevas ideas. Ciertamente se acerca en alguna manera a los eufemismos periodísticos y políticos del tipo «daños colaterales» cuando la realidad es «víctimas inocentes»). Te conviertes en un auténtico criminal por pensar en contra del Partido (un partido único, omnisciente e inmortal cual dios) y lo diferente, como siempre, se convierte en lo abominable, en lo malvado. Lo rebelde, como siempre, es peligroso y debe ser castigado. Las ideas, cortadas de raíz. Los opositores, asesinados.
Para esta persecución existe la Policía del Pensamiento y la tortura psicológica a la que cualquier individuo del Partido está sometido. El amor, como ha pasado en la historia a lo largo de los siglos, se puede convertir en odio, el odio hace avanzar a la nación, el odio hacia el enemigo y hacia los diferentes (entre los que se encuentran los que ven la realidad de lo que ocurre, los disidentes, los opositores, los homosexuales, los individualistas, los imaginativos). De ahí que existan los Dos Minutos de Odio con su consecuente Semana del Odio.
Dejar a un personaje en este semejante caos parece una crueldad, pero ahí tenemos a nuestro Winston Smith intentando sortear una muerte que siente cercana constantemente. Un personaje que puede parecer mediocre de un rápido vistazo, sobre todo por su aspecto físico, pero que tiene una capacidad lógica y unas ideas que son exactamente las que ponen en «peligro» al Partido: Dos más dos son siempre cuatro. El pasado, haga lo que haga el Hermano Mayor, aunque cambie los datos, fue como fue, no como pone en las noticias manipuladas. Pensar por uno mismo está bien. La esperanza está en las clases bajas, los «proles», que deben rebelarse. Un mundo justo es posible, aunque pasen miles de años.
La atmósfera del libro es completamente abrumadora. Es el futuro que temes que llegue. Es lo que nunca debería ser. Donde todos son acusados de algún delito, donde el Ministerio de Amor se encarga de las torturas, donde los libros no los escriben los humanos y los diarios están prohibidos, donde la objetividad no existe (y dos más dos son cinco si un miembro del Partido así lo dice, y siempre fue así, y siempre será así).
El mundo de 1984 es una advertencia a las futuras generaciones, una novela que no se puede tomar a la ligera. Ciertos dogmatismos de hoy en día, muchos que se inclinan a tachar el sexo como una perversión, siguen la estela del Partido. Los límites de la libertad de opinión, que se desdibujan a favor del gobierno en países totalitarios, recuerdan a la Policía del Pensamiento. Las formas de manipulación de hoy en día se acercan a la manera de manipular el pasado y las noticias, incluso las opiniones, que se lleva a cabo en esta novela.
Para completar la visión de un mundo totalitario, absurdo, cruel y despótico, Orwell nos tiene preparado otro regalo, Rebelión en la granja, un libro mucho más ligero de digerir, menos oscuro, más simple, pero con las claves perfectas para llegar a un estado totalitario de cualquier índole. Aunque en la época se tildó a George Orwell de ser un simple anticomunista, en contra de los rusos, de Stanlin, quien lea sus libros acabará descubriendo que da igual qué ideales o qué color utilicen los totalitarismos: al final se resume en que son extremistas, y los extremos, aunque parezca contradictorio, acaban siendo lo mismo.
Esta obra es una sátira política, una manera de degenerar, claramente, a los militantes comunistas a favor de la dictadura. Sin embargo, cambia el nombre de los personajes, cambia «camarada» por «compañero» o «hermano» y obtendrás cualquier dictadura. Sí, es verdad, se basa en las luchas Stalin-Trotski, en el totalitarismo de Hitler (no comunista, pero sí nacionalsocialista), pero porque era lo que le quedaba a mano, de lo que sabía hablar. Al final, la ideología totalitaria da igual de donde sea. Es totalitaria y punto.
Lo importante en este caso no es diferenciar colores, sino conocer el proceso. Rebelión en la granja es casi un manual de cómo identificar cuándo un discurso, una revolución, una situación comienza a tender hacia lo que estaban persiguiendo al principio, cuándo comienza a ser una búsqueda de poder de la clase superior que olvida para qué se hizo la revolución.
Cuando cayó en mis manos, la idea de que los personajes fueran animales de una granja que se rebelan no me parecía muy divertida ni entretenida, pues el lector se acostumbra a personajes humanos o al menos muy antropomórficos (vampiros, hombres lobo, sirenas, centauros). Pero esos animales, al fin y al cabo, sirven para ridiculizar a algunos tipos de humanos, para acusar a otros, para señalar a los que ven la realidad y no se atreven a hacer nada para cambiarla o simplemente esperan a que mejore algo.
Si 1984 es una llamada de atención sobre lo que la sociedad puede llegar a ser, Rebelión en la granja te muestra los pasos a seguir para que una sociedad parecida pueda ser. La idea de que las bases ideológicas se cambian continuamente, como se cambiaba el pasado en 1984, vuelve a aparecer. Es una señal de que olvidar el pasado nos lleva a cometer los mismos errores en el futuro, de que no saber cómo se ha llegado a una situación, o por qué, te deja a la merced de los manipuladores.
En el caso de la rebelión, son los cerdos los que toman el mando. No deja de estar todo lleno de un simbolismo abrumador, porque te da la impresión de que cada paso que dan los animales los va a abocar al fanatismo, al extremo, al fracaso, hasta que vuelvan a estar en una situación igual o peor que la inicial.
Si no sabes muy bien cómo identificar un totalitarismo, lee los dos libros. Si quieres informarte, lee los dos libros. Si eres una persona sensible… solamente lee el segundo, por tu propio bien. Por algo en una de mis preguntas random varias personas eligieron 1984 como el mundo en el que NO vivir jamás. Ahora, claramente, les doy la razón.
Dándole la vuelta a una frase importante de esta novela, para desearte suerte, «te veré donde no hay siempre luz». Y, por tu bien, sigue pensando por ti mismo. La verdad sigue ahí fuera. Rasca las impurezas de las mentiras para que reluzca más fuerte que nunca. 

PD. Gracias a las personas que respondieron con 1984 a la Pregunta Random del Mes y a los amigos que me siguen regalando libros (como Rebelión en la granja ) aunque casi no tenga dónde meterlos.

17 may. 2014

La homosexualidad SÍ es una enfermedad (opinión)

Claro que la homosexualidad es una enfermedad. Por mucho que quieran decir los psicólogos, los psiquiatras, incluso la mismísima OMS, hay verdades que nadie puede enterrar. No debemos dejarnos llevar por ideas que no son propias de nosotros mismos, que se engarzan tanto en el pasado como en los nuevos tiempos. Por una vez, deberíamos poder pararnos a pensar para concluir que la homosexualidad es una enfermedad.  ¿A qué viene si no esa sensación de morir cuando la persona a la que amas no está, a qué viene el estómago revuelto, las vueltas en la cama, las ansias de que te llame, la falta de concentración, los escalofríos en la espalda, la torpeza si la ves cuando no la esperas, el temblor de manos, las rodillas que fallan? ¿A qué vienen? Claro que la homosexualidad es una enfermedad, porque el amor es una enfermedad incurable y la cura a todas las enfermedades. Eso sí, si la homosexualidad es una enfermedad por culpa del amor, todas las demás orientaciones sexuales también lo son, incluida la heterosexualidad. ¿Acaso crees que ellos sienten menos o distinto?
En el ámbito médico, la homosexualidad se descatalogó como enfermedad mental el 17 de mayo de 1990, lo que supuso un avance para los derechos del colectivo LGBT y lo que llevó a que este día se estableciera como el día internacional contra la homofobia. Sin embargo, la homosexualidad, bisexualidad, pansexualidad y transexualidad se siguen considerando enfermedades en gran parte del mundo, incluso del mundo que algunos se empeñan en llamar «civilizado».
A los homófobos no les convencen el argumento de autoridad de la ciencia moderna que cataloga la homosexualidad como «orientación sexual», igual que la bisexualidad, la pansexualidad y la heterosexualidad. Esta afirmación echa por tierra uno de sus argumentos más utilizados por ellos: el de que ser homosexual va contra natura. No solamente esta revelación científica se pone en su contra, sino también los importantes estudios científicos que prueban la existencia de esta orientación en muchas especies distintas de animales, entre ellos los pingüinos. Como ante la ciencia moderna los homófobos no se quieren doblegar, hacerles ver que amar a alguien de tu mismo sexo está bien se convierte en una discusión sin sentido y sin salida. Quien no quiere ver la verdad, nunca la verá.
La tortura intenta sumir a los
homosexuales en las brumas de la
culpabilidad
En relación a esta idea de que la homosexualidad es una enfermedad, se llega a la conclusión de que es una enfermedad con cura posible. Lejos de tratarla como a las demás enfermedades mentales, estas «curas» no pasan por psicólogos ni pastillas, sino por descargas eléctricas, insultos, palizas, todo aquello que podemos catalogar como «tortura». No faltan argumentos (digamos mejor «falacias») que aprueben estos métodos, ni testimonios de víctimas que nos acercan a una realidad que parece muy alejada, pero que no lo está tanto.
Uno de estos casos es el de Zulema Constante, estudiante universitaria de Guayaquil (Ecuador). Por el mero hecho de decirles a sus padres que era lesbiana, su familia la envió a la fuerza a un centro de «deshomosexualización», la Comunidad Terapéutica Femenina de Esperanza. Allí le comenzaron a hacer el «lavado de cerebro», que pasaba por denigrarla, asegurar que su vida no valía nada, que era una aberración de la naturaleza. Considera, dentro de la situación, que no ha sido lo peor porque no la han violado. Y es que lo normal es utilizar métodos de tortura como agua helada, maltrato psicológico y violaciones. Si piensas que ha pasado hace bastante, ocurrió en el 2013 y fue su novia quien denunció su desaparición (pues la familia estaba involucrada). Si estas torturas les parece una buena solución a los homófobos, deberían empezar a intentar buscarse el pulso, porque da la impresión de que se han quedado sin corazón.

La verborrea de los homófobos (que normalmente tienden a quitarse el calificativo para decir «no odio, me dan asco») pasa por afirmaciones como «es anormal», «dos polos iguales no se atraen», «los homosexuales no saben qué es el amor», «prefiero tener un hijo drogadicto que maricón, los maricones están mejor muertos», «ojalá los encarcelen y los maten», «es un error en la sociedad» o «tienen un amor falso, engañoso, imposible. Puede haber cariño o “insana” atracción sexual, pero nunca amor». Si estás negando con la cabeza, pensando que me estoy inventando las afirmaciones, algunas de ellas las he oído y vivido yo, otras las he recogido del testimonio de varios amigos, tanto heterosexuales como del colectivo LGBT. Si estás pensado que estas ideas están solamente más allá de las fronteras de España, te equivocas. Si estás pensando que solamente aparecen en cadenas de televisión extremistas, te equivocas. Tienes la homofobia en frente de la puerta de tu casa. Solamente tienes que fijarte un poco para comprobarlo.
Rebatir argumentos tan fuertes (nótese la ironía) como «dos polos iguales no se atraen» me parece una pérdida de tiempo. Esas comparaciones entre humanos e imanes no las voy a entender nunca. Menos aún la idea de que los homosexuales son un error, de que deben ser encarcelados o asesinados, o de que no saben lo que es el amor. Con mirar un poco en la historia puedes comprobar que no es un error: personajes tan famosos como Platón, Safo, Alejandro Magno, Da Vinci, Oscar Wilde, Freddie Mercury, Frida Kahlo, sor Juana Inés de la Cruz, Gabriela Mistral, Hans Christian Andersen o Virginia Woolf fueron (o al menos se cree) homosexuales o bisexuales, más o menos reprimidos y con más o menos suerte. ¿Consideras que sus aportes a la humanidad no sirvieron de nada? Hicieron un trabajo que puedes seguir disfrutando hoy en día. Han conseguido ser reconocidos por la historia más allá de los prejuicios ideológicos.
La idea de que es un delito que debe ser ajusticiado puede estar en el pensamiento de algunos españoles, pero afortunadamente no se ha llegado a esos extremos en nuestro país (incluso se considera uno de los países del mundo con menos homofobia). Sin embargo, sigue habiendo varios estados que contemplan penas de cárcel para los homosexuales, incluso cadena perpetua o pena de muerte. Entre estos últimos se encuentran Afganistán, Mauritania, Nigeria, Pakistán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Yemen. Sin embargo, los casos de asesinato de miembros del colectivo LGBT no se registran solamente en estos países. Solamente tenemos que revisar un poco las noticias. 
Los periódicos están plagados de escalofriantes
relatos o noticias sobre homofobia
Uganda, donde hace poco salió a la luz la ley que permite encarcelar de por vida a los homosexuales, fue el escenario de un asesinato feroz. El pasado 27 de febrero, un homosexual fue quemado vivo ante la mirada incluso de niños, mientras todas las personas de alrededor simplemente observaban. En este país han rebajado al homosexual al estatus de criminal, y a los criminales al estatus de animales (y los animales allí no son nada).
Tal vez todos los países que te he dado te suenan demasiado lejanos. Vale, vayamos un poco a América. Wladimir Sepúlveda Arce, un joven homosexual, falleció hace poco en Chile después de haber sido atacado supuestamente por un grupo homófobo. Llevaba meses internado en un hospital. Ante el ataque, el Gobierno manifestó su pesar y está llevando a cabo las investigaciones oportunas para esclarecer este crimen de odio.
Tal vez el sur de América te sigue quedando lejano, o eres de los que tienes en mejor estima a los estadounidenses. De los 50 estados de Estados Unidos, 31 no aprueba el matrimonio homosexual (lo que la Iglesia católica apoya sin darse cuenta de que vivimos en una sociedad en la que existe el matrimonio civil, donde ella no debería poder intervenir). En uno de ellos, Arizona, se ha sacado una ley que permitirá que los negocios se nieguen a atender a los clientes cuando entiendan que viola sus creencias religiosas. Teniendo en cuenta que el colectivo LGBT está en el punto de mira de todas las religiones, ¿quién crees que va a salir perjudicado? Dejemos de lado la certeza de que en ese país hay altos porcentajes de suicidio entre adolescentes homosexuales por la persecución que sufren en sus escuelas, familias e iglesias.
Lo que más cercano que le queda a un español como prueba de homofobia en un gobierno (pues homofobia entre la población hay en todos los países) es Rusia. El gigante euroasiático ha sacado una controvertida ley contra la «propaganda homosexual» que prohíbe a todo el colectivo LGBT hablar del tema, manifestarse o dejar ver cualquier muestra de afecto (lo que incluyen caricias o ir de la mano). Esto ha sido seguido de la persecución a los homosexuales, tanto por parte de la policía como de los ciudadanos que, organizados en bandas homófobas, violan, torturan y matan a cualquier homosexual que cae en sus manos.
Ahora, que cualquier homófobo me intente explicar esto. Que yo sepa, no se va persiguiendo a los ladrones hasta matarlos en países como Estados Unidos, pero de vez en cuando si cae algún homosexual que no había cometido ningún delito. Y no digamos ya homosexuales, sino bisexuales, pansexuales, transexuales (que seguramente son los más olvidados y los más afectados por la homofobia o, específicamente, la transfobia).

La transexualidad, a diferencia de las demás siglas del colectivo LGBT, no es una orientación sexual, sino una identidad sexual. Para más especificaciones, siento que no soy la persona adecuada a la que acudir. Lo que sí sé, en cualquier caso, es que  he oído más casos de transfobia que de homofobia en España, de niños que se sienten niñas, o a la inversa, y los colegios no les dejan de tratar como «lo que realmente son». Y más que un odio a la orientación sexual (pues un transexual puede ser cualquier cosa, no solo homosexual), parece ser un miedo aterrador a lo diferente, a que alguien pueda elegir libremente qué hacer con su vida, a salir de lo que algunos verían como «las barreras que impone Dios». Nadie te va a odiar si eliges el Real Madrid en vez del Barça (imagina que es elegir entre ser hombre o mujer) ni si eres del Racing (elegir el tercer género, varios, ninguno), o si te haces un retoque de cirugía estética en la nariz (cambiarse de sexo). Pero claro, la parte buena de las metáforas está en la metáfora, no en la realidad que oculta. Te pueden llamar marimacho si eres una niña que juega a cosas de niños, mariquita si eres un niño que hace cosas de niñas, «monstruo» si haces lo que te dé la gana. Y ya no es cosa de transfobia. Es cosa de que eres libre para elegir lo que quieras.
Seguramente, la noticia más cercana a la transexualidad de los últimos días ha sido la victoria de Conchita Wurst en el Festival de la Canción de Eurovisión. Incluso medios hispanoamericanos se han hecho eco del suceso, dando a entender que es un paso adelante en la lucha contra la transfobia y la homofobia. Es verdad que Conchita lanzó un mensaje esperanzador hacia la tolerancia, pero también hay que señalar que es drag-queen, no transexual. De todos modos, ha ganado Eurovisión, ha recibido el apoyo de Europa y de artistas como Julio Iglesias, además de la aprobación del cardenal de Viena. Este ha afirmado que en el jardín de Dios hay lugar para todos y que se debe tratar con igual respeto a cualquiera, en resumidas cuentas. Un rayo esperanzador de una de las instituciones más homófobas de Occidente.

La amalgama de siglas y sustantivos que han empezado a rodear las orientaciones e identidades sexuales pierden a muchas personas y causan pavor a otras, a aquellas que creen que eres hombre o mujer, homosexual o heterosexual (si es que aceptan la primera). Ante la desinformación, es fácil quedarte tumbado y ni preguntar. Ante lo desconocido, parece ser más fácil odiar. Odiemos a los que aman, aceptemos a los que odian. En eso estoy resumiendo las ideas que se les pasan a homófobos y demás –fobos (xenófobos, transfóbicos). Claro que, para ellos, al parecer, los que no son heterosexuales no aman, sienten «apetito sexual».
El problema ante la homofobia es que no puedes luchar contra un odio hacia una minoría solamente desde la minoría. Si hay un LGBT en su clase y solamente él se protege a sí mismo, nada va a poder hacer contra todos los que le quieran agredir. Se necesita apoyo desde el exterior, desde todas aquellas personas ajenas al colectivo, desde las instituciones, para desterrar la idea de la homofobia. Últimamente, pequeñas muestras de tolerancia de heterosexuales, rusos, cristianos y musulmanes (por señalarte algunos colectivos que parecen ser más homófobos) me están iluminando el día. Ya hay datos suficientes para oscurecerlo.
¿Sabes que cada vez que no ayudas a alguien discriminado lo estás discriminando también? Por dejar que las burlas continúen, que las tormentas regresen, que se hunda. Aún hoy en día, de vez en cuando, alguien arquea una ceja y se encoge de hombros cuando llega un hombre lleno de sangre, atacado por un grupo homófobo. Demasiado a menudo, pasamos de largo cuando oímos un comentario hiriente, o cuando varios alumnos de un instituto evitan a un homosexual para que «no los viole». Todos los días, hay personas que dejan salir su veneno verbal para echárselo encima a cualquiera que sea diferente a ellas, para hacerles creer que son menos que cualquier otro humano, que sus sentimientos son falsos, que su amor no es verdadero.
Duele que alguien pueda estar en contra de un sentimiento tan puro como el amor. Y duele mucho que alguien te impida ser como quieres. Duele porque, seguramente, el amor es lo único que podría salvar al mundo del odio y de la destrucción hacia la que nos seguimos dirigiendo. Duele que la cura a todo sea más perseguida y odiada que la enfermedad que pudre los corazones de los hombres. Duele que dos personas que se aman no puedan estar juntas si así lo desean. Duele que el argumento de que «es malo porque muchos se suicidan» se apoye en lo que el mismo argumento provoca (si le haces creer a alguien que es una mierda y debe suicidarse, ¿hacia dónde lo estás dirigiendo?). Que ninguno se suicidaría si la homosexualidad, bisexualidad, pansexualidad, transexualidad, todas esas cosas estuvieran igual de admitidas que la heterosexualidad. Duele que la gente odie ser lo que es porque los de fuera lo odian. No sabes cuánto duele.
Me gustaría que dejaran de perseguir de una vez el amor para censurarlo. Me gustaría que dijeran que contra natura  es odiar a tus amigos por ser como son, y no amar a quien quieras amar. Me gustaría que nos dejaran de comparar con los demás animales, porque lo hacen cuando quieren («el objetivo es reproducirse») y no lo hacen para todo lo demás («destruyamos la cultura, los libros, el arte, el entretenimiento, las casas, porque los demás animales no tienen»). Mi gata me acepta como soy, ¿tú no? ¿Quién es el animal más inteligente?


Obviamente, dar el derecho de casarse a dos personas que se aman no es una normalización, es una justicia. Lo contrario, el que la persona con la que compartes tu corazón jamás será tu pareja legalmente, es una injusticia. Que la sociedad haya tardado siglos en responder a esto no significa que sea raro: ¿tenemos que recordar hasta cuándo era legal la esclavitud a nivel mundial? Lo raro es que el colectivo LGBT haya sido perseguido tan duramente, y lo siga siendo.
Me estoy cansando de tener que explicar cosas, de esconderme y tener que proteger a los demás. Me estoy cansando de vivir en una sociedad en la cual besar está mal, pero insultar a los diferentes y matarlos está bien. Me canso de la gente que me odia sin conocerme, de la que dice que todos los que no son heterosexuales confunden el amor, que el amor no es eso. Creo que cualquiera que haya amado alguna vez es incapaz de confundir ese sentimiento a la segunda vez. Dudo que cualquiera que tenga alma pueda confundirlo.
Esa idea de que los homosexuales no pueden amar, ¿de dónde viene? ¿De que los homófobos tienen miedo a que los amen a ellos? ¿Prefieren que los odien? Lo están consiguiendo. Esa idea de que los homosexuales son peligrosos, ¿de dónde viene? ¿De que lo diferente es peligroso? ¿Los rubios son peligrosos para los morenos? ¿Los altos son peligrosos para los bajos?
Las diferencias hacen que el mundo no esté lleno de clones. Las diferencias pueden ser celebradas. Respondo ahora a una pregunta de Intereconomía que tengo guardada en el bolsillo desde hace demasiado tiempo, de un anuncio que tenían en contra del orgullo gay: «Orgullosos, ¿de qué?». Estamos orgullosos de resistir todo lo que nos está cayendo encima, de no darnos por vencidos. Estamos orgullosos de defender algo que los demás creen que está mal. Estamos orgullosos de recibir, poco a poco, el apoyo de todas las personas externas al colectivo que han entendido que no somos monstruos. Estamos orgullosos de tener amigos heterosexuales que nos defienden, orgullosos de comprender la verdad. Pero creo que, sobre todo, estamos orgullosos de una cosa: a diferencia de otras personas, con el corazón ennegrecido, nosotros podemos amar.
Si no me crees a mí diciendo que puedo amar, que lo mío no es solo una «insana atracción», aún puedes mirar la entrada http://laspalabrasdesarausten.blogspot.com.es/2013/09/romance-platonico-veraniego-fallido-en.html de mi blog. Si aún así no lo crees, deja que hablen otros por mí. Dejaré que te des cuenta de que el panadero tan majo de la esquina puede ser gay, de que el tranquilo chico que te vende los billetes del tren puede ser transexual, de que tu profesora favorita puede ser lesbiana y de que la chica que te sonríe aunque le llenes el mostrador de palomitas puede ser bisexual. Y puede que algún exnovio, amigo, varios compañeros sean de «esas cosas raras que hace la juventud hoy en día». O somos una invasión o es que el mundo se compone de personas distintas para que cada cual desempeñe su labor. Y de personas, por cierto, que saben amar.

PD1. No me he olvidado de todos aquellos que no entran en las siglas LGBT (pansexuales, intersexuales, asexuales, hermafroditas, etc.). Como he dicho, el tema se puede subclasificar tanto que es un mar de sustantivos. Espero que, de todos modos, os hayáis sentido identificados. 

PD2. Si crees que los datos y las situaciones me las he inventado, echa un vistazo a estos links:
El día internacional contra la homofobia:
Los pingüinos alemanes homosexuales:
El caso de Zulema Constante:
LGBT en la historia:
El asesinato del joven ugandés:
http://www.vanguardia.com.py/v1/index.php/edicion-impresa/locales/item/14545-queman-vivo-a-un-homosexual-en-uganda#sthash.B3yQsigr.dpuf
Transexuales:
http://www.elmundo.es/yodona/2014/01/10/52cd8955268e3e702e8b457d.html
Conchita Wurst:
http://www.eldiario.es/sociedad/Transexuales-LGTB-acosados-discriminados-Europa_0_260024496.html
http://www.eldiario.es/cultura/Viena-felicita-Conchita-Wurst-Eurovision_0_260724163.html
Homofobia:
La ley de Arizona:
La ley rusa:

Posdata final: Como Ellen Page, «Estoy aquí porque soy homosexual. Y porque quizá pueda causar un efecto positivo, ayudar a otros a que su vida sea más fácil y esperanzadora. Siento que tengo una obligación personal y una responsabilidad social». Gracias por haber llegado hasta aquí.