21 feb. 2014

Mundos amados y odiados: Harry Potter, Los juegos del hambre... (Pregunta Random del Mes II, humor, encuesta)

Este es un mensaje para todos aquellos que alguna vez soñaron que estaban en su mundo favorito. Venga, no nos pongamos tan sentimentaloides. El mundo real tampoco está tan mal (¿o sí? Creo que sí. Sobre todo, por toda la gente que me ha dicho que de todos los mundos posibles evitaría exactamente este. Así que aquel filósofo que dijo que este era «el mejor mundo posible» estaba más fumado que los demás). He vuelto a dar la chapa a mis conocidos y más abajo leeréis el resultado. Creo que se va a alternar lo adorable con lo cómico y terrorífico. Si no sientes nada no es que tengas el corazón de hielo, es que lo he redactado muy mal.
Y LA PREGUNTA ES (mucho más larga que la anterior):
«Por alguna razón tienes la oportunidad de vivir en el mundo ficticio que tú quieras. ¿Cuál elegirías y cuál no? Ten en cuenta que ese mundo puede ser de un libro, película, videojuego, cuadro, escultura, o inventado por ti. Cualquier cosa. Y explica tu elección».
 INFORMACIÓN SOBRE ENCUESTADOS:
Españoles de varias comunidades autónomas y ciudadanos de  Estados Unidos y Bélgica. Todos entre 18 y 55 años.

1. Mundo al que ir a vivir.
11 de los 45 encuestados coinciden en el mismo mundo. En comparación con el segundo, hay una distancia importante. No te dejo con intriga porque sale en el título: sí, el de Harry Potter. Las razones son varias. De todos modos, salvo una, todos comparten esas ganas de regresar a un mundo que les ha acompañado en los sueños desde que eran niños. El mundo que esperas con todo tu corazón que exista, aunque solamente lo puedas encontrar en unas páginas y en unas películas. El mundo que intentas recrear en los juegos, del que sacas frases o anécdotas que aplicas a la vida cotidiana, uno de esos mundos que tienen unos personajes que llegan a vivir en la vida real.
La mayoría de mi generación debe de estar traumatizada por no haber recibido a los once años la carta de ingreso a Hogwarts. Somos los que nos aprendimos los hechizos antes de saber latín, los que queríamos cazar la snitch dorada antes que el resto, esperábamos mirar al cielo del comedor por la noche y tomar el pelo a ciertos personajes de los cuadros. Nos daba algo de pena Nick Casi Decapitado y algo de grima los animalillos de Hagrid. Soñábamos con tener el mapa del merodeador, con comprar los productos de Fred y George Weasley, o escuchar algo pasmados a Luna, recibir cartas con nuestra lechuza, o yo qué sé. Me han nombrado tantos personajes las personas a las que he preguntado que es imposible contarlos. Ejemplo: « [Eligiría el mundo de] Harry Potter por conocer a Hermione, Sirius Black, Dumbledore, Dobby, Snape, Lupin, incluso Bellatrix Lestrange». Antes de que los maten. Digo yo. Que si te fijas en la fotografía falta el último libro y fue porque me enfadé con J. K. Rowling.
APUNTE: Uno quiere ir a Hogwarts, bien, pero también darle una hostia a Harry por lo gilipollas que es. Palabras casi textuales. No le quito razón.
El segundo mundo específico que todos conocemos es Narnia, dicho por dos personas. Me señalan que eso de que hablen los animales, haya magia blanca y haga sol (después de derrotar a la Bruja Blanca, claro) está genial. Y también algo más poético: «Me iría a vivir a Narnia por aquello que dijo Rainer Maria de que “La verdadera patria de un hombre es su infancia”. Supongo que también se puede aplicar a una mujer, y ese mundo me regaló durante mi niñez algunos de los momentos mágicos que puedo evocar. ¡Que vuelva la magia!». Yo también quiero que vuelva la magia. Los que me conocéis sabéis que nombro Narnia demasiado a menudo…¡Arriba los narnianos!
En Assasin’s Creed quieren vivir dos personas, pero en distintos números. Una en el 2 para conocer a Leonardo DaVinci, otra en el 4 para ser un pirata.
Dos votan por El señor de los anillos con su Tierra Media. También recuerdo que de pequeña me colgué un anillo al cuello solamente para sentirme un poco Frodo, y los elfos siempre me llamaban la atención. De todos modos, este mundo tiene más detractores que defensores, como veremos más adelante.
Los siguientes mundos se pueden ordenar por bloques temáticos. Aunque no sean específicos hay muchos que coinciden en lo sustancial. El primer bloque temático son mundos ficticios que nombran como «mi mundo perfecto» o «mi mundo ideal». Cinco personas me señalan varias características que debe tener este mundo (las mezclo porque todas van encaminadas a lo mismo): un mundo sin pobreza, injusticias, discriminaciones, dolor, muerte, violencia, vicio, degeneración, religiones o al menos no religiones que se imponen, donde no haya que matar para sobrevivir, donde nadie te controla, no hay corrupción, serías libre, no estarías sometido a la presión de nadie, todos se ayudarían, con amor correspondido, etc. ¿Te está dando la impresión de que nuestro mundo es una mierda? Eso opinarán luego algunos.
Dos de estas personas son algo más pícaras e introducen cambios que las benefician más: una quiere ser rica para viajar por el mundo, descubrir otras culturas y comprar de todo; la otra quiere 13 coches para ponerlos a 250 por la autopista porque le va el riesgo y la diversión. Prefiero esta versión porque lo otro, para alguien como yo que busca historias, es demasiado seco. ¿Ha sonado demasiado raro lo que acabo de escribir?
El segundo gran bloque temático son los que quieren ir a vivir a otras épocas históricas. Son, al parecer, cinco personas. Una quiere ir a la Atenas Clásica, época de Pericles, el padre de la democracia. La segunda quiere estar en la época de la segregación americana para ver el movimiento de los derechos civiles y cómo se construye la América moderna (asume las consecuencias). La tercera querría visitar la universidad de Alcalá de Henares en la época de Quevedo, Lope, etc. Al parecer tiene una lista de anécdotas de lo que pasaba allí: cuando los alumnos presentaban su tesis, podía entrar cualquiera y abuchearlos, lanzarles objetos, tocar música (¿para desconcentrarlos?). Si aprobaba de todos modos, tenía que invitar a la ciudad a una gran comida y salir por la puerta principal de la Universidad, si suspendían… les ponían orejas de burro, salían por la trasera y eran humillados (los vecinos, que se quedaban sin comida y bien se mosqueaban. Menos mal que eso ahora no pasa). La cuarta duda entre el mundo de la bohemia de París de los años 20 o una película francesa de los 60. La quinta se decide por los años 50 en París por la película Midnight in Paris de Woody Allen.
Tercer bloque: tenemos dos personas que quieren vivir en mundos creados por ellas, y una soy yo. La otra, bueno, digamos que quiere ser la diosa guerrera benefactora de ese mundo, aunque compartiría escenario con todos los dioses de la mitología nórdica, celta y griega (conozco más la última, pero no me apetece un peñazo estar con dioses salidos como Zeus o Afrodita y otros con cambios de humor como Artemisa, paso de ellos). Todos los seres serían feministas y no hay mal externo, ni esclavitud, pero sí eruditos. Los paisajes serían como los cuadros de Caspar Friedrich (demasiado brumosos para mi gusto), con una naturaleza salvaje y misteriosa (¡voto que sí!).
Yo me conformo con vivir en mi mundo y ser un personaje secundario. Lo importante es seguir a Fir, qué narices, y a Yen, Karsa, Marco, todos esos personajes que no tenéis ni la remota idea de quiénes son. Bueno, son yo, yo soy ellos, son vosotros, vosotros sois ellos. Da igual. Mi mundo es de fantasía épica, más o menos. Lo que me lleva a señalar dos cosas: una, que una de las personas encuestadas quiere visitar mi mundo por curiosidad y para conocerme mejor; dos, que otra quiere vivir en El nombre del viento por mezclar lo medieval y lo mágico… te invito a mi mundo. Tiene eso.
Lo demás ya es todo individual. Tenemos alguien que quiere vivir en la isla de Thisby, del libro Las carreras del Escorpio, en el que al parecer hay caballos marinos salvajes que salen del mar en noviembre y la gente los intenta atrapar… y no me ha querido desvelar nada más para no destriparme el libro y para que me lo lea. Aunque lo de caballos marinos que salen del mar me tiene algo traumatizada. ¿Te imaginas a la Sirenita a caballo? ¿Sobre praderas de algas? ¿Con peces espada cual pájaros? ¿Qué?
Hay otra persona que elige el mundo de Terramar siempre y cuando sea maga. Al parecer la magia triunfa entre los encuestados.
Hay un voto para el País de las Maravillas. Como me lo ha comentado, si lo piensas bien, es un mundo en el que no mueres si te cortan la cabeza, la comida tiene efectos (hacerte enorme o diminuto) y la droga es gratis (y quien no lo crea, que se lo pregunte a la Oruga).
Dentro de películas o series alguien quiere conocer a Mulán y a Katniss Everden, lo que implica vivir en Panem, lo que muchos han rechazado. Lo veremos más adelante. Sí señor. La cuestión es que al parecer esta chica mola por su instinto de supervivencia, protección, independencia, fuerza, manera de sentir el bosque, lealtad. ¿Dónde ha quedado su sarcasmo y su cara de «cómo me revienta todo lo que hay alrededor»? Porque también me cae bien por eso.
Otra persona elegiría ser Jenny en Forrest Gump, por lo vivido en la época (llena de cambios y represión oculta) y por ser un personaje carismático. Muestra la magia del cine. Me encanta que alguien me diga «la magia del cine». Ya que todos queréis vivir en mundos con magia, la mayor magia aquí es el arte y la ciencia. Ea.  
Alguien quiere vivir en Sobrenatural para estar con Dean Wincester (ajá), otro en el mundo de Avatar por el rollo con la naturaleza y la magia de la selva (más magia, magia, magia por todos lados), Embrujadas (más magia, más magia, más), y The Wild Thornberrys (tal vez os acordáis si os digo que se parece a Rugrats pero viajando por el mundo y sin bebés. Se señala la sensación de libertad al verla). Tenemos a alguien que quiere vivir en Invernalia para… visitar… la tumba… ¿de los Stark?
Aparte tenemos que nombrar a Los simpsons, serie que todo el mundo conoce y que solamente una persona me ha señalado como lugar interesante para visitar. Y también a Lost (Perdidos) que ha sido mi serie favorita (¡4 8 15 16 23 42!). Si quitas el humo negro (pediría a quien lo dijo que también los osos polares y los puñeteros saltos en el tiempo) te quedas en una isla paradisíaca con gente tan, tan, tan peculiar que no necesitas inventarte historias para no aburrirte (solamente jugar al «yo nunca» con Kate, Sawyer, Jack, Juliet, Hurley, y decir cosas como «Yo nunca he matado a nadie», «Yo nunca he ganado la lotería»).
En cuadros tenemos La sibila délfica de Miguel Ángel (Que alguien me lo explique), El grito (a mí ese cuadro me gusta y me produce casi escalofríos, no sé) y El jardín de las delicias (es el cuadro más traumatizante que he visto en mi vida. El otro día salió en las noticias que unos estudiosos habían sacado una partitura de él y la música era muy oscura). Tenemos también los cómics de Flash Gordon.
Nos queda el locos amoenus, el cielo y una foto de niñez. Lo que es adorable. Vamos con los premios.
PREMIOS:
Respuesta más graciosa, y, por desgracia, demasiado verdadera: «Me gustaría ir a… en realidad a cualquiera de los mundos sobre los que he leído en el que hubiera una típica protagonista tontaaaaaaaaaaaa, solo para darle una tunda por ser taaaaaaan estúpida, no saber hacer nada, joder todos los planes, dejar que la secuestren y por ser virgen (no sé por qué esto último me cabrea tanto pero siempre es así, sobre todo en las historias con algo de amor, es un ascooo. Supongo que identificarán inocencia con virginidad y casi siempre las protas son súper jóvenes así que ella no puede tener ninguna experiencia para que él pueda enseñarle todo)».
Respuesta más sincera: «El de la mitología griega porque no es cursi y se pasan todo el día dale que te pego».
Respuesta más rara: «El mundo de la mariposa y su transición me flipa… ficticio o no, la vida y desarrollo de este ser vivo me atrae, me flipa y me emociona…».
Respuesta más erudita: «El mundo utópico de Platón pero solucionando el problema de que los gobernantes tienen una vida un tanto miserable».

2. Mundo al que NO ir a vivir.
Gana Panem por nueve votos. Lo de matar por sobrevivir, vivir en la pobreza, o en el Capitolio, es algo que no cuela. Conocer a los personajes no compensa el sufrimiento. Unos se quejan del hambre y otros de ser tan artificiosos en la capital. Yo no aguantaría la pregunta de «¿Algún voluntario?». Si cuando estás en clase y el profesor pregunta metes la cabeza entre apuntes y miras al suelo, ¿qué harías si tu vida estuviera en peligro? ¡CABAR UNA ZANJA HASTA LLEGAR A LAS ANTÍPODAS! ¡Pasando por el centro de la Tierra lleno de magma y no sé qué! ¡Cualquier cosa mejor antes que salir elegido!
Pero, bueno, se nota un temor general a una sociedad futurista que nos controle, y Los juegos del hambre están dentro de este género de «distopía». Por lo tanto, este tema es el ganador. Lo vemos teniendo en cuenta que hay una persona que no viviría en Pandemonium, un mundo futurista en el que el amor no existe por ser considerado enfermedad (mira tú por dónde); dos en Un mundo feliz de Huxley, en el que ocurre parecido; en 1984, en el que la vigilancia es constante y la privacidad no existe; en cualquier mundo distópico o futurista tres personas. Demasiado aséptico, vacío, todo rápido y sin verde. Al final, la distopía se lleva catorce votos. La pérdida de sentimientos y la privacidad nos preocupa, lo vemos.
Lo preocupante llega cuando cinco personas no elegirían el planeta Tierra, porque va mal, es peligroso, no se comparten las ideas con los quehaceres de los humanos, etc. No querer vivir en el único mundo que conocemos que existe… ¿no deberíamos replantearnos algo? «Y no eligiría uno como el nuestro, lleno de tantas miserias e injusticias, a la vez que tanta belleza». Una sexta señala que no viviría en una mega ciudad china, después de que le hayan llegado noticias de que las hay tan grandes como Asturias.
Tres personas evitan El señor de los anillos por sus peligros y por su asquerosa comida (no sé cómo saben que está asquerosa si no la han probado). Además de que porque los hobbits y los elfos «dan grimilla». Una cuarta especifica que en Mordor no.
Dos personas evitarían el infierno, cualquiera, el de Dante, el cristiano, el vikingo, da igual. Yo el cristiano no lo evitaría. Echando cuentas, los filósofos están allí, junto con los grupos de rock, las prostitutas, cualquiera con cierta vida sexual, el colectivo LGBT al completo (ya sé que me faltan letras), muchos científicos, muchos sabios, Hipatia de Alejandría, un montón de escritores. Me lo imagino como una mezcla entre reunión de eruditos, amor y salidos que van por libre. El cielo es más aburrido.
A alguien le enferma Crepúsculo; otra persona prefiere no caer en La historia interminable por eso de tener que huir de la nada (es como una metáfora hecha visión real); Tesis como película resulta agobiante; Invernalia o Más Allá del Muro, junto con Alaska, demasiado frío; Las witch son descartadas por repelentes; el mundo de Shingeki no kyojin (El ataque de los titanes) es descartado porque ser aperitivo de un titán no es plato de gusto para nadie; el mundo de El lazarillo de Tormes no mola y punto; la prehistoria y eso de no tener agua corriente ni comodidades no va con los gustos de alguien (pena que el tercer mundo y parte del primero ande así); el de Star Wars es demasiado peligroso si no eres Jedi; en el de Beyond Two Souls terminas muerto si no eres hábil; el de Esperando a Godot es… como decirlo… lee la obra. Y por último, alguien que NO elegiría el mundo de sus propias historias por ser doloroso y terrorífico, por decirlo de alguna manera. Inquietante.
PREMIOS:
Respuesta más razonada: «Nunca escogería el mundo real en la película de Matrix,  lo que está controlado por la tecnología artificial, porque me da miedo vivir en una sociedad en la que estemos sometidos (técnicamente ahora también lo estamos, pero bueno) y soy de las personas que piensan que a veces es mejor vivir en la ignorancia para salvaguardar la felicidad, el hecho de conocer la verdad puede que no te arregle nada y te haga “esclavo” de esa realidad».
Respuesta más sincera: «Tampoco el de Harry Potter porque seguro que lo elige todo el mundo, y para ver a la misma gente de siempre mejor me quedo como estoy».
Respuesta más graciosa: «No viviría en la casa de Hitler porque estaríamos en desacuerdo todo el día. Todo el día discutiendo. Muy mal».
Respuesta más rara:
—No viviría en el de los Lunis.
—¿Por qué no?
—Porque dan miedo…

¿Y yo?
Tengo mis mundos propios, lo dije antes. Elegiría el que me acompaña desde que tengo… no sé ni cuántos años. En el que está Fir, en el que está Yen, Marco, Karsa. Es uno de fantasía épica, sí, Edad Media y magia, que aunque esté muy trillado está hecho a la medida para mí (por algo lo hice yo, ¿no?). Aunque también… poder asomarme al mundo de La ladrona de libros, solamente para poder saludar a Liesel, Max, Hans, Rosa y Rudy, o insultar con ellos a Hitler, o colarme en la biblioteca de la mujer del alcalde. Es un mundo más peligroso y casi verdad, pero echo de menos a esos personajes.
Evitar, está claro. Los de zombis. No los soporto, así que tacho The walking dead, Resident Evil y similares. Y eso es todo.

¡GRACIAS A VOSOTROS ESTO ES POSIBLE! ¡LO VOY A GRITAR POR EL CAMPUS! (o no…)
PD. Si no has respondido a tiempo o no te he preguntado, puedes poner tu opinión en los comentarios.

12 feb. 2014

Echad a Cupido y San Valentín de aquí (opinión)

NOTITA MALÉFICA: Si me quieres tildar de antirromántica empedernida o escritora de corazón de hielo por el título, te invito a leer lo que publiqué bajo el nombre de «Romance platónico veraniego fallido en tres movimientos» que encontrarás en la columna derecha de entradas más populares. De nada.
NOTITA MALÉFICA DOS: Una de mis frases preferidas: «Cupido es idiota y demasiado se equivoca».
NOTITA ACLARATORIA: No estoy en contra de la festividad por ser comercial o consumista, ni extranjera ni empalagosa ni… nada de eso. Tampoco me opongo literalmente a ella. No te voy a perseguir con mi bate de béisbol (¿o sí?) ni voy a dejar de hablarte. Te ofrezco mi visión y conversamos como personas adultas (no es culpa mía que los humanos, y los adultos, se muestre tan idiotas a veces. Toma la frase en el mejor sentido posible).
Desde el 31 del mes pasado, si no me equivoco, «mi» ciudad se ha llenado de corazones y cartelitos con los eslóganes más empalagosos posibles. Entre ellos, una tienda en la que ponía «Oviedo in love». Hasta aquí tengo que señalar cuatro cosas:
1. Bonita figura literaria que personifica una ciudad y nos hace creer que puede amar.
2. El inglés es una lengua que, desafortunadamente, muchas generaciones españolas no conocen (si no te lo crees, ahí tienes a Ana Botella o Emilio Botón), por lo que el gancho del eslogan deja fuera a gran parte de la población.
3. ¿No empezáis un poco pronto para una fecha que pasa tan rápido y que ni tan siquiera es festiva en el calendario laboral?
4. Me hizo descubrir que es una fiesta anglosajona. Preparo el bate para todos los que no me dejan celebrar Halloween, o se meten con Santa Claus, pero me permiten festejar San Valentín. Voy a afilarlo.
No me molesta que los comercios se preparen (vale, sí, pero lo acepto) porque entiendo que esa fiesta es una fuente de ingresos que les ayudará a salvar el mes. Pero, rayos, conmigo se deben de desesperar. No compro flores ni corazoncitos. Sigo con lo mío, libros, revistas, cuadernos, películas, bolígrafos, peluches, banderas. Compras de siempre. Y los mejores regalos que he recibido no tienen nada que ver con los que se venden estas fechas en forma de corazón: han sido libros, peluches pequeños, cartas, notas, dibujos. Así que no busco nada especial porque esa fecha para mí no es especial. Arrastra una especie de leyenda negra desde hace demasiado tiempo. Para mí.
En mi etapa de «soy gótica y quiero demostrarlo» la gente creía que odiaba San Valentín por ese motivo (y a Cupido, que representado siempre en el arte como un niño con obesidad mórbida y alas es un poco…molesto). Que como me gustaban las calaveras debía arrastrar mi alma y comparecerme de mí misma a un nivel becqueriano inalcanzable para el resto de los mortales. Que debía llorar en las esquinas y hacerme la víctima, o algo por el estilo. Pero en realidad me gustaba ser feliz, y fue una etapa de descubrimientos realmente interesante y agradable. Muy luminosa, aunque no lo creas.
En esa época en mi instituto celebraban San Valentín vendiendo rosas y cartas para enviar a quien quisieras. Y, claro, aquello me sentaba como una patada en el estómago. No estaba en contra del amor (¿acaso se puede estar en contra de eso?) sino del dolor (que sentía en el pecho). Así que supongo que me paseaba malhumorada. ¿Y sabes qué?
Los profesores crearon un «rincón del desamor» y me dieron a entender que ya tenía mi «lugar». Claro, yo entendía «desamor» como algo después del amor, no como el que anda falto de amor. Así que pasé del tema. No, tampoco estaba enfocado para buscar pareja, sino «todo es mierda». Eso dolía más aún que aguantar corazoncitos rosas y parejas empalagosas.
Bueno, lo mío era el vacío, la nada, o los inalcanzables, o echar de menos a gente que no sabía nada y aún no había aparecido, que seguía con su vida perdiendo ilusiones mientras yo aguardaba. Era desamor, claro. Muy becqueriano. Lo que intentaba ocultar mucho y se me seguía notando. Creí que… no sé lo que creí. Que el mundo se acaba cuando esperas demasiado, que la vida termina aunque no hayas vivido, que puedes perder la ilusión sin haber sufrido, que puedes perder la esperanza sin haber dado una oportunidad a la humanidad.
Si te pones en mi punto de vista, San Valentín sería más feliz incluso si fuera sangriento. Creí que era algo muy estúpido y muy mío, hasta que en una clase de Literatura Española Medieval me encontré con lo siguiente (te lo pongo en castellano actual para ahorrarte trabajo):
Dos ánades, madre,
que van por aquí
me apenan a mí.
Dos ánades, madre,
de cuerpo gentil
al campo de flores
iban a dormir.
Me apenan a mí.
Explicación lógica: la chica siente envidia, dolor o sufrimiento por ver a una pareja de pájaros, sabiendo que ella está sola. Lo que es, correcto, desamor. Lo que es, correcto, lo que sentía. Lo que nos lleva a, correcto, que odiara San Valentín. Lo que, correcto, está escrito en pasado, pero sigo disgustada con San Valentín. Aunque el motivo, afortunadamente, gracias a los dioses, gracias a Fir, gracias a ella, haya cambiado.
Pero claro, ahora, además del recuerdo que duele, está el por qué solo debes demostrar tu amor ese día. Porque ya no puedo aguantar para entregar en determinada fecha regalos que puede que le saquen un brillo especial en los ojos. No puedo esperar para demostrar emociones y sensaciones, no puedo esperar para escribir determinadas palabras, no puedo esperar para hacer a alguien un poco más feliz. No puedo dejarme arrastrar para la sociedad y programarme para que ese día mi alma esté desbordante de amor, porque digo yo que sentiré lo que quiera cuando quiera.

Alguien te entregará la luz necesaria
Y, otra cosa. Esperar cosas que no llegan es horrible. Esperar simplemente, tranquilamente, y que las cosas aparezcan cuando no las esperas es mucho más especial. Que te den una rosa en San Valentín puede estar bien. Que se acuerden de ti en cualquier otro momento del año y te lo hagan saber es más reconfortante. Tal vez en San Valentín no necesitas muestras de amor. Tal vez las necesitas en las noches oscuras, en los días difíciles, en las brumas, en la tormenta. Tal vez necesitas que alguien te entregue un poco de fuego para el frío. Y, si esperas pacientemente, llegarán las personas que puede iluminar tu vida con una frase, o salvar tu corazón con una mirada. Gracias a los dioses que existen. Gracias a ella.

1 feb. 2014

No sabía nada del mundo... (cosa que rima)

Un día tuve un estado emocional muy extraño. Rebuscaba entre todas las canciones y no encontraba la que buscaba. Mi musa me dijo que escribiera algo. Le hice caso. Salió lo que vas a leer a continuación. Así que se lo dedico a ella. A la que tampoco sabe nada. La que me robó el corazón.

No sabía nada del mundo,
de su belleza o desolación,
de lo que me esperaba fuera,
de la futura traición.

No sabía nada del mundo,
de la crueldad que reinaba,
de las personas falsas
y las mentiras lavadas.

Decían que la ignorancia,
si no conlleva persecución,
es una etapa de la infancia
que siempre encuentra perdón.

Sin embargo, mi ignorancia,
maldita fuera para siempre,
me llevaba a caminos perdidos
en lugares de mi mente.

Todos los futuros posibles
siempre eran ignorados,
todos los pasados robados
siempre eran olvidados.

«La historia la escriben los valientes»
decían los malditos creyentes.
Y yo lo creía, hasta que un día
me di cuenta de que mentían.

No sabía nada del mundo
porque el mundo se ocultaba,
porque sentía miedo humano
a las armas que llevaban.

No sabía nada del mundo
porque las mentiras crecieron,
se regaron y perduraron
y jamás perecieron.