17 abr. 2014

Ante gritos... objetos contundentes, llamadas, ¡nada! (Pregunta Random del Mes III)

En mi última pregunta random me esforcé muchísimo en encontrar algo que pudiera mostrarme si las películas de terror son tan falsas como siempre decimos o no. Ahora replantéalo todo: en realidad saqué la pregunta de una situación que viví y me di cuenta al leer las respuestas de lo que tenía entre manos. Si no te lo hubiera dicho, habría quedado mejor, pero la cuestión es que la esencia de mis preguntas son siempre las respuestas.
Y LA PREGUNTA ES:
Has estado hasta tarde en el salón, desde donde puedes ver la única puerta de entrada a la casa en la que te estás quedando de vacaciones. Cuando empiezas a tener sueño recoges tu portátil, libro, o apagas la televisión, o lo que sea, y  vas hacia tu habitación. En el pasillo oyes que del cuarto de tu padre/madre/amigo/amiga/pareja/pingüino salen gritos de una voz que NO reconoces. ¿Qué haces y qué es lo primero que piensas?
INFORMACIÓN SOBRE ENCUESTADOS:
Españoles de varias comunidades autónomas y ciudadanos de Estados Unidos, Bélgica y Alemania. Todos entre 18 y 52 años.
Mi respuesta, como siempre, la encontrarás al final. Hasta entonces, podemos continuar con las del resto de encuestados. Esta vez no lo dividiré en dos partes, aunque exista la pregunta «en qué piensas» y la de «qué haces», porque obviamente la primera lleva a la segunda. Por lo tanto, comencemos con mi clasificación chapucera.

1. Lo nuestro es la relajación, no pasa nada
Hay siete personas que se inclinan a pensar que no ocurre nada alarmante. Dentro de estas, cuatro apuntan que alguien puede haberse dejado la televisión encendida. En este contexto, ya tenemos la primera anécdota de las preguntas y el premio a la más traumatizante: «Pensaría que mi madre se durmió y dejó la televisión encendida, de hecho ya me pasó una vez con ella. Pero no eran gritos lo que oía, sino gemidos: habían empezado los programas de porno y se dejó la tele encendida. Fue la primera vez que vi eso, y la apagué, obviamente… pero mi mente ya estaba sucia». Dentro de estas cuatro, solo dos llamarían a la puerta para quedarse tranquilas del todo (entiendo que la tercera prefiere no volver a repetir el trauma y la cuarta pasa del tema).
Una tiende a pensar que estará hablando por skype o por teléfono, aunque también preguntaría, otra dice que en su casa a veces suena eco y son los vecinos, la última nos tiene guardada otra sorpresita. Llamaría a la puerta para preguntar, dependiendo de con quién haya ido de vacaciones: si es la familia llama, si son amigos llama y pasa, eso sí… si es un alien entra directamente, ¡nadie debe dejar la oportunidad de ser la primera persona en descubrirlos!
Déjame ser filóloga por un segundo, te prometo que seré breve. La primera definición de «alienígena» en la RAE es «extranjero», y para encontrar alienígenas solamente tienes que pasearte por la universidad (o por los destinos turísticos cercanos). ¿Subirte entonces en un coche de un erasmus es ser abducido por alienígenas?

2. Pueden ser gritos de otras cosas…
Algo en lo que no había pensado como respuesta (te lo prometo) me lo han señalado varias personas. Una me explica que le ocurrió que su hermano menor metió a una amiga a su cuarto, por lo que en esa situación se pondría los cascos de música o saldría de paseo.
Otra señala que depende del grito, si es de placer… «no haría falta llamar a nadie, simplemente taparse los oídos y esperar a que acaben».

3. Tenemos sueño
Hay cuatro personas que introducen el factor sueño como algo realmente importante en sus reacciones. La primera pensaría que ha sido un vecino e iría a dormir, pues dormir es lo más importante del mundo (¡dormir es sagrado!). Dos pensarían que están soñado o alucinando, y las dos abrirían la puerta de la habitación. Una de ellas me señala que se encomienda al destino, aunque afirma que no es bueno ser temerario.
Para la cuarta va el premio a la respuesta más graciosa«Me paro, escucho a ver si a esa voz le responde al pingüino, porque un ladrón no creo que se pusiera a gritar, así que tiene que ser un “invitado”. Si he estado en un sitio donde se ve la única puerta por donde se entra a casa, por narices ha tenido que pasar delante, a no ser que entrara por la ventana y fuera un ladrón y los gritos sean por el hostión de entrar por la ventana, pero como tengo sueño sigo mi camino, porque nunca tengo sueño, así que no voy a desperdiciar la ocasión de tardar nada en dormir: el dormir es primordial».

4. Estamos preocupados
El nivel de tensión va subiendo, ahora llegamos al «creo que ha pasado algo». En este momento, tenemos dos respuestas: el que cree que su familiar está delirando y tiene que ir a salvarlo y el que cree que algo malo ha pasado y decide ir a mirar. La cuestión se empieza a poner como una película de terror prototípica.

5. Tenemos miedo, mucho miedo
Seis personas señalan como importante el sentimiento de miedo que les invade. La primera cree que alguien ha podido entrar por la ventana y «no pensaría nada» sino que «haría una estupidez como llamar a gritos a esa persona» (es una defensa encubierta de las películas de terror, ¿ves? La ilógica es lógica), como mucho agarraría algo «contundente», pero lo duda.
Tres tienen verdadero miedo y no se protegen. La primera saldría corriendo al baño (eso sí es de película de terror), la segunda gritaría o saldría corriendo (o se mearía encima, lo ha dicho), la tercera pensaría que hay espíritus burlones y se cagaría en las bragas, antes de ir a buscar «la sábana más cercana para hacerme un búnker».
Dos tienen miedo y se quedan paralizadas al principio. La primera señala que no haría como en las películas, correr y gritar (lo que sí hacen las anteriores) sino que permanecería quieta y después iría a por una sartén (por ser la mejor arma, ligera y efectiva) y se refugiaría en el baño (a la gente le gustan los baños al parecer) llamando a la persona con la que está. Si pasa el tiempo y no oye nada, entraría en la habitación. No se atreve a llamar a la policía por si resulta no ser un psicópata sino algo inocente.
La segunda apagaría la luz, se quedaría quieta, cogería algo para defenderse y saldría de casa. Ni de coña iría a la habitación «¡¡en qué diablos piensan los de las pelis de miedo para asomarse a la boca del lobo!!», a no ser que los gritos sean de dolor o de que alguien muere, por lo que iría a auxiliar. Si no, pasaría la noche en la calle (sabed que el ofrecí mi casa en esa situación, ea).

6. Pidamos ayuda
Sorprendentemente, solamente cinco personas confían en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Por favor, podéis enviar un tweet a la Policía Nacional, no seáis vagos. En fin, vayamos allá.
La primera se armaría con una sartén y un cuchillo mientras teclea el número. A continuación sale de casa, cierra por fuera y llama a su amigo/pingüino volador a ver si contesta.

La segunda duda dependiendo de su estado, pues podría pensar «Ya está otra vez armándola» o «¡Han entrado por la ventana!». En el segundo caso, comprobaría si pasa algo, y si es así marcaría el 112 (gracias por recordar el número) y se haría con un objeto contundente (adoro ese adjetivo). Abriría silenciosamente la puerta y comprobaría si hay peligro o no. Si es así, pulsa el botón de llamada y… ¡a hostia limpia!
La tercera cree que es un ladrón, se encierra en su habitación y pone un montón de cosas apiladas contra la pared. Entonces llamaría a la policía. Digamos, 112 cualquier emergencia, 062 la Guardia Civil, no sé a quién tengo que llamar si mientras escribo me invaden las hormigas (¿control de plagas?).
La cuarta cogería algo para defenderse, llamaría a la policía, iría a mirar, pues teme que sea una broma de Halloween (¡Samhain!) o que los caseros son muy bromistas. Sin embargo, considera que si están en esa habitación es ilegal y puede demandar, por eso no teme llamar a la policía.
La quinta marca el número y comprueba antes de llamar.

7. Somos guerreros
Algunas de vuestras armas elegidas
Nueve personas serían agresivas en esta situación, sin pasar antes por etapa «me cago de miedo» ni «llamemos a la policía». En este caso, la primera señala que como sea que su hermana pequeña ha colado a su novio por la ventana, entraría, y si las cosas van mal le calzaría a hostias.
Una cogería una sartén e iría a mirar, otras seis cogen un cuchillo u objeto contundente (se incluye en esto un hacha, la misma persona que cree que puede ser un ente de otro mundo, una persona con esquizofrenia, un psicópata o alguien que se ha equivocado de casa). Dos se moverían sigilosamente y observando las sombras de debajo de la puerta.
Nos quedan otras dos, entre ellas el premio a la respuesta más sincera: «En el pasillo tengo tres katanas en un mueble. Cogería la más pequeña, iría a la habitación y abriría la puerta, eso sí, con la mano de la katana en la espalda por si dentro no hay nada amenazante. No vaya a quedar yo en ridículo o como un psicópata. Al final seguro que saltaría por la ventana, pero está bien pensar eso…». Y el premio a la respuesta más agresiva: «Pienso que está poseído o sufre bipolaridad extrema o puede ser gritos de placer o alguien ha entrado por la ventana y está ultraviolentándola. Entonces si me asusta, cojo algo que haga daño y hasta aquí puedo leer». Ese «hasta aquí puedo leer» me produce escalofríos…

8. Inclasificables
Alguien piensa que es su madre castigando a su hermana, otra persona se pone a hablar en voz alta con su amigo imaginario para que quien sea que esté en la habitación piense que hay gente en casa y no haga nada. Claro.

9. Surrealistas
Para mi desconcierto, dos señalan que si hubiera un desconocido entraría para hablar con él, a ver si es una persona interesante. Me gusta la respuesta, digamos, más cortés por su tono irónico: «Alguien ha entrado por la ventana. Seguramente con la complicidad de mi madre, padre, pareja o lo que sea, soy muy desconfiado para esas cosas. Lo que haría sería entrar y ofrecer algo de beber, porque la educación es lo más importante».
Amigos, llegamos a los animales. En este lugar, una persona manda atacar a sus tortugas (¡ATAQUE TORTUGUIL DOBLE, OJO!) y la otra piensa que… a ver, el premio a la más surrealista es… surrealista: «¡Un caimán viene a comerme! Voy a coger la comida para caimanes (ese paquete que compré el primer día de vacaciones en el Mercadona por si ocurría algo así) y le voy a dar de comer para volver a mi casa con todas las extremidades».

Este es el momento en el que tengo que contar mi historia. Tienes que ponerte en mi situación para entenderlo. Te has metido en la cama a las doce, y llevas media hora dando vueltas. Has comprobado, antes de ir a dormir, que todas las puertas y ventanas estaban cerradas, incluso has puesto el lavavajillas. Cuando parece que empiezas a dormir, oyes un grito.
El grito, obviamente, hizo que me bajara un sudor frío por la espalda y las manos. Me levanté y ni tan siquiera encendí la luz. Fui hacia la puerta y supe que venía de la habitación de mi madre. En ese momento encendí la linterna del móvil, cogí mi escopeta de perdigones, la cargué y marqué el 112.
Pintillas de... lo que sea
Abrí la puerta en silencio y comprobé que los gritos eran de la habitación de mi madre. Con el corazón latiendo a mil por hora, quité el seguro al arma, con la mano izquierda abrí la puerta de un portazo y mostré solamente el arma mientras me asomaba discretamente. Mi madre me miró desde la cama y me preguntó:
—¿Pero qué haces?
—¿Y los gritos?—le pregunté con mi cara de pasmada.
Me mostró la tableta que tenía. Estaba viendo un vídeo en YouTube de un ataque de no sé qué mamífero marino a un hombre. La que gritaba era una mujer que había al lado. Pero, en vez de ponerse unos cascos, mi madre había decidido ver un vídeo con gritos de terror a las doce y media, mientras yo «dormía». No sé qué piensa de mí desde que me vio entrando así. Me meto entre los guerreros y los que llaman a la policía.
Fin del comunicado.
¡Gracias a todos por vuestras respuestas!
PD. Ahora también tengo un bate de béisbol (objeto contundente), es mejor que no te metas conmigo si estoy enfadada.