17 may. 2014

La homosexualidad SÍ es una enfermedad (opinión)

Claro que la homosexualidad es una enfermedad. Por mucho que quieran decir los psicólogos, los psiquiatras, incluso la mismísima OMS, hay verdades que nadie puede enterrar. No debemos dejarnos llevar por ideas que no son propias de nosotros mismos, que se engarzan tanto en el pasado como en los nuevos tiempos. Por una vez, deberíamos poder pararnos a pensar para concluir que la homosexualidad es una enfermedad.  ¿A qué viene si no esa sensación de morir cuando la persona a la que amas no está, a qué viene el estómago revuelto, las vueltas en la cama, las ansias de que te llame, la falta de concentración, los escalofríos en la espalda, la torpeza si la ves cuando no la esperas, el temblor de manos, las rodillas que fallan? ¿A qué vienen? Claro que la homosexualidad es una enfermedad, porque el amor es una enfermedad incurable y la cura a todas las enfermedades. Eso sí, si la homosexualidad es una enfermedad por culpa del amor, todas las demás orientaciones sexuales también lo son, incluida la heterosexualidad. ¿Acaso crees que ellos sienten menos o distinto?
En el ámbito médico, la homosexualidad se descatalogó como enfermedad mental el 17 de mayo de 1990, lo que supuso un avance para los derechos del colectivo LGBT y lo que llevó a que este día se estableciera como el día internacional contra la homofobia. Sin embargo, la homosexualidad, bisexualidad, pansexualidad y transexualidad se siguen considerando enfermedades en gran parte del mundo, incluso del mundo que algunos se empeñan en llamar «civilizado».
A los homófobos no les convencen el argumento de autoridad de la ciencia moderna que cataloga la homosexualidad como «orientación sexual», igual que la bisexualidad, la pansexualidad y la heterosexualidad. Esta afirmación echa por tierra uno de sus argumentos más utilizados por ellos: el de que ser homosexual va contra natura. No solamente esta revelación científica se pone en su contra, sino también los importantes estudios científicos que prueban la existencia de esta orientación en muchas especies distintas de animales, entre ellos los pingüinos. Como ante la ciencia moderna los homófobos no se quieren doblegar, hacerles ver que amar a alguien de tu mismo sexo está bien se convierte en una discusión sin sentido y sin salida. Quien no quiere ver la verdad, nunca la verá.
La tortura intenta sumir a los
homosexuales en las brumas de la
culpabilidad
En relación a esta idea de que la homosexualidad es una enfermedad, se llega a la conclusión de que es una enfermedad con cura posible. Lejos de tratarla como a las demás enfermedades mentales, estas «curas» no pasan por psicólogos ni pastillas, sino por descargas eléctricas, insultos, palizas, todo aquello que podemos catalogar como «tortura». No faltan argumentos (digamos mejor «falacias») que aprueben estos métodos, ni testimonios de víctimas que nos acercan a una realidad que parece muy alejada, pero que no lo está tanto.
Uno de estos casos es el de Zulema Constante, estudiante universitaria de Guayaquil (Ecuador). Por el mero hecho de decirles a sus padres que era lesbiana, su familia la envió a la fuerza a un centro de «deshomosexualización», la Comunidad Terapéutica Femenina de Esperanza. Allí le comenzaron a hacer el «lavado de cerebro», que pasaba por denigrarla, asegurar que su vida no valía nada, que era una aberración de la naturaleza. Considera, dentro de la situación, que no ha sido lo peor porque no la han violado. Y es que lo normal es utilizar métodos de tortura como agua helada, maltrato psicológico y violaciones. Si piensas que ha pasado hace bastante, ocurrió en el 2013 y fue su novia quien denunció su desaparición (pues la familia estaba involucrada). Si estas torturas les parece una buena solución a los homófobos, deberían empezar a intentar buscarse el pulso, porque da la impresión de que se han quedado sin corazón.

La verborrea de los homófobos (que normalmente tienden a quitarse el calificativo para decir «no odio, me dan asco») pasa por afirmaciones como «es anormal», «dos polos iguales no se atraen», «los homosexuales no saben qué es el amor», «prefiero tener un hijo drogadicto que maricón, los maricones están mejor muertos», «ojalá los encarcelen y los maten», «es un error en la sociedad» o «tienen un amor falso, engañoso, imposible. Puede haber cariño o “insana” atracción sexual, pero nunca amor». Si estás negando con la cabeza, pensando que me estoy inventando las afirmaciones, algunas de ellas las he oído y vivido yo, otras las he recogido del testimonio de varios amigos, tanto heterosexuales como del colectivo LGBT. Si estás pensado que estas ideas están solamente más allá de las fronteras de España, te equivocas. Si estás pensando que solamente aparecen en cadenas de televisión extremistas, te equivocas. Tienes la homofobia en frente de la puerta de tu casa. Solamente tienes que fijarte un poco para comprobarlo.
Rebatir argumentos tan fuertes (nótese la ironía) como «dos polos iguales no se atraen» me parece una pérdida de tiempo. Esas comparaciones entre humanos e imanes no las voy a entender nunca. Menos aún la idea de que los homosexuales son un error, de que deben ser encarcelados o asesinados, o de que no saben lo que es el amor. Con mirar un poco en la historia puedes comprobar que no es un error: personajes tan famosos como Platón, Safo, Alejandro Magno, Da Vinci, Oscar Wilde, Freddie Mercury, Frida Kahlo, sor Juana Inés de la Cruz, Gabriela Mistral, Hans Christian Andersen o Virginia Woolf fueron (o al menos se cree) homosexuales o bisexuales, más o menos reprimidos y con más o menos suerte. ¿Consideras que sus aportes a la humanidad no sirvieron de nada? Hicieron un trabajo que puedes seguir disfrutando hoy en día. Han conseguido ser reconocidos por la historia más allá de los prejuicios ideológicos.
La idea de que es un delito que debe ser ajusticiado puede estar en el pensamiento de algunos españoles, pero afortunadamente no se ha llegado a esos extremos en nuestro país (incluso se considera uno de los países del mundo con menos homofobia). Sin embargo, sigue habiendo varios estados que contemplan penas de cárcel para los homosexuales, incluso cadena perpetua o pena de muerte. Entre estos últimos se encuentran Afganistán, Mauritania, Nigeria, Pakistán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Yemen. Sin embargo, los casos de asesinato de miembros del colectivo LGBT no se registran solamente en estos países. Solamente tenemos que revisar un poco las noticias. 
Los periódicos están plagados de escalofriantes
relatos o noticias sobre homofobia
Uganda, donde hace poco salió a la luz la ley que permite encarcelar de por vida a los homosexuales, fue el escenario de un asesinato feroz. El pasado 27 de febrero, un homosexual fue quemado vivo ante la mirada incluso de niños, mientras todas las personas de alrededor simplemente observaban. En este país han rebajado al homosexual al estatus de criminal, y a los criminales al estatus de animales (y los animales allí no son nada).
Tal vez todos los países que te he dado te suenan demasiado lejanos. Vale, vayamos un poco a América. Wladimir Sepúlveda Arce, un joven homosexual, falleció hace poco en Chile después de haber sido atacado supuestamente por un grupo homófobo. Llevaba meses internado en un hospital. Ante el ataque, el Gobierno manifestó su pesar y está llevando a cabo las investigaciones oportunas para esclarecer este crimen de odio.
Tal vez el sur de América te sigue quedando lejano, o eres de los que tienes en mejor estima a los estadounidenses. De los 50 estados de Estados Unidos, 31 no aprueba el matrimonio homosexual (lo que la Iglesia católica apoya sin darse cuenta de que vivimos en una sociedad en la que existe el matrimonio civil, donde ella no debería poder intervenir). En uno de ellos, Arizona, se ha sacado una ley que permitirá que los negocios se nieguen a atender a los clientes cuando entiendan que viola sus creencias religiosas. Teniendo en cuenta que el colectivo LGBT está en el punto de mira de todas las religiones, ¿quién crees que va a salir perjudicado? Dejemos de lado la certeza de que en ese país hay altos porcentajes de suicidio entre adolescentes homosexuales por la persecución que sufren en sus escuelas, familias e iglesias.
Lo que más cercano que le queda a un español como prueba de homofobia en un gobierno (pues homofobia entre la población hay en todos los países) es Rusia. El gigante euroasiático ha sacado una controvertida ley contra la «propaganda homosexual» que prohíbe a todo el colectivo LGBT hablar del tema, manifestarse o dejar ver cualquier muestra de afecto (lo que incluyen caricias o ir de la mano). Esto ha sido seguido de la persecución a los homosexuales, tanto por parte de la policía como de los ciudadanos que, organizados en bandas homófobas, violan, torturan y matan a cualquier homosexual que cae en sus manos.
Ahora, que cualquier homófobo me intente explicar esto. Que yo sepa, no se va persiguiendo a los ladrones hasta matarlos en países como Estados Unidos, pero de vez en cuando si cae algún homosexual que no había cometido ningún delito. Y no digamos ya homosexuales, sino bisexuales, pansexuales, transexuales (que seguramente son los más olvidados y los más afectados por la homofobia o, específicamente, la transfobia).

La transexualidad, a diferencia de las demás siglas del colectivo LGBT, no es una orientación sexual, sino una identidad sexual. Para más especificaciones, siento que no soy la persona adecuada a la que acudir. Lo que sí sé, en cualquier caso, es que  he oído más casos de transfobia que de homofobia en España, de niños que se sienten niñas, o a la inversa, y los colegios no les dejan de tratar como «lo que realmente son». Y más que un odio a la orientación sexual (pues un transexual puede ser cualquier cosa, no solo homosexual), parece ser un miedo aterrador a lo diferente, a que alguien pueda elegir libremente qué hacer con su vida, a salir de lo que algunos verían como «las barreras que impone Dios». Nadie te va a odiar si eliges el Real Madrid en vez del Barça (imagina que es elegir entre ser hombre o mujer) ni si eres del Racing (elegir el tercer género, varios, ninguno), o si te haces un retoque de cirugía estética en la nariz (cambiarse de sexo). Pero claro, la parte buena de las metáforas está en la metáfora, no en la realidad que oculta. Te pueden llamar marimacho si eres una niña que juega a cosas de niños, mariquita si eres un niño que hace cosas de niñas, «monstruo» si haces lo que te dé la gana. Y ya no es cosa de transfobia. Es cosa de que eres libre para elegir lo que quieras.
Seguramente, la noticia más cercana a la transexualidad de los últimos días ha sido la victoria de Conchita Wurst en el Festival de la Canción de Eurovisión. Incluso medios hispanoamericanos se han hecho eco del suceso, dando a entender que es un paso adelante en la lucha contra la transfobia y la homofobia. Es verdad que Conchita lanzó un mensaje esperanzador hacia la tolerancia, pero también hay que señalar que es drag-queen, no transexual. De todos modos, ha ganado Eurovisión, ha recibido el apoyo de Europa y de artistas como Julio Iglesias, además de la aprobación del cardenal de Viena. Este ha afirmado que en el jardín de Dios hay lugar para todos y que se debe tratar con igual respeto a cualquiera, en resumidas cuentas. Un rayo esperanzador de una de las instituciones más homófobas de Occidente.

La amalgama de siglas y sustantivos que han empezado a rodear las orientaciones e identidades sexuales pierden a muchas personas y causan pavor a otras, a aquellas que creen que eres hombre o mujer, homosexual o heterosexual (si es que aceptan la primera). Ante la desinformación, es fácil quedarte tumbado y ni preguntar. Ante lo desconocido, parece ser más fácil odiar. Odiemos a los que aman, aceptemos a los que odian. En eso estoy resumiendo las ideas que se les pasan a homófobos y demás –fobos (xenófobos, transfóbicos). Claro que, para ellos, al parecer, los que no son heterosexuales no aman, sienten «apetito sexual».
El problema ante la homofobia es que no puedes luchar contra un odio hacia una minoría solamente desde la minoría. Si hay un LGBT en su clase y solamente él se protege a sí mismo, nada va a poder hacer contra todos los que le quieran agredir. Se necesita apoyo desde el exterior, desde todas aquellas personas ajenas al colectivo, desde las instituciones, para desterrar la idea de la homofobia. Últimamente, pequeñas muestras de tolerancia de heterosexuales, rusos, cristianos y musulmanes (por señalarte algunos colectivos que parecen ser más homófobos) me están iluminando el día. Ya hay datos suficientes para oscurecerlo.
¿Sabes que cada vez que no ayudas a alguien discriminado lo estás discriminando también? Por dejar que las burlas continúen, que las tormentas regresen, que se hunda. Aún hoy en día, de vez en cuando, alguien arquea una ceja y se encoge de hombros cuando llega un hombre lleno de sangre, atacado por un grupo homófobo. Demasiado a menudo, pasamos de largo cuando oímos un comentario hiriente, o cuando varios alumnos de un instituto evitan a un homosexual para que «no los viole». Todos los días, hay personas que dejan salir su veneno verbal para echárselo encima a cualquiera que sea diferente a ellas, para hacerles creer que son menos que cualquier otro humano, que sus sentimientos son falsos, que su amor no es verdadero.
Duele que alguien pueda estar en contra de un sentimiento tan puro como el amor. Y duele mucho que alguien te impida ser como quieres. Duele porque, seguramente, el amor es lo único que podría salvar al mundo del odio y de la destrucción hacia la que nos seguimos dirigiendo. Duele que la cura a todo sea más perseguida y odiada que la enfermedad que pudre los corazones de los hombres. Duele que dos personas que se aman no puedan estar juntas si así lo desean. Duele que el argumento de que «es malo porque muchos se suicidan» se apoye en lo que el mismo argumento provoca (si le haces creer a alguien que es una mierda y debe suicidarse, ¿hacia dónde lo estás dirigiendo?). Que ninguno se suicidaría si la homosexualidad, bisexualidad, pansexualidad, transexualidad, todas esas cosas estuvieran igual de admitidas que la heterosexualidad. Duele que la gente odie ser lo que es porque los de fuera lo odian. No sabes cuánto duele.
Me gustaría que dejaran de perseguir de una vez el amor para censurarlo. Me gustaría que dijeran que contra natura  es odiar a tus amigos por ser como son, y no amar a quien quieras amar. Me gustaría que nos dejaran de comparar con los demás animales, porque lo hacen cuando quieren («el objetivo es reproducirse») y no lo hacen para todo lo demás («destruyamos la cultura, los libros, el arte, el entretenimiento, las casas, porque los demás animales no tienen»). Mi gata me acepta como soy, ¿tú no? ¿Quién es el animal más inteligente?


Obviamente, dar el derecho de casarse a dos personas que se aman no es una normalización, es una justicia. Lo contrario, el que la persona con la que compartes tu corazón jamás será tu pareja legalmente, es una injusticia. Que la sociedad haya tardado siglos en responder a esto no significa que sea raro: ¿tenemos que recordar hasta cuándo era legal la esclavitud a nivel mundial? Lo raro es que el colectivo LGBT haya sido perseguido tan duramente, y lo siga siendo.
Me estoy cansando de tener que explicar cosas, de esconderme y tener que proteger a los demás. Me estoy cansando de vivir en una sociedad en la cual besar está mal, pero insultar a los diferentes y matarlos está bien. Me canso de la gente que me odia sin conocerme, de la que dice que todos los que no son heterosexuales confunden el amor, que el amor no es eso. Creo que cualquiera que haya amado alguna vez es incapaz de confundir ese sentimiento a la segunda vez. Dudo que cualquiera que tenga alma pueda confundirlo.
Esa idea de que los homosexuales no pueden amar, ¿de dónde viene? ¿De que los homófobos tienen miedo a que los amen a ellos? ¿Prefieren que los odien? Lo están consiguiendo. Esa idea de que los homosexuales son peligrosos, ¿de dónde viene? ¿De que lo diferente es peligroso? ¿Los rubios son peligrosos para los morenos? ¿Los altos son peligrosos para los bajos?
Las diferencias hacen que el mundo no esté lleno de clones. Las diferencias pueden ser celebradas. Respondo ahora a una pregunta de Intereconomía que tengo guardada en el bolsillo desde hace demasiado tiempo, de un anuncio que tenían en contra del orgullo gay: «Orgullosos, ¿de qué?». Estamos orgullosos de resistir todo lo que nos está cayendo encima, de no darnos por vencidos. Estamos orgullosos de defender algo que los demás creen que está mal. Estamos orgullosos de recibir, poco a poco, el apoyo de todas las personas externas al colectivo que han entendido que no somos monstruos. Estamos orgullosos de tener amigos heterosexuales que nos defienden, orgullosos de comprender la verdad. Pero creo que, sobre todo, estamos orgullosos de una cosa: a diferencia de otras personas, con el corazón ennegrecido, nosotros podemos amar.
Si no me crees a mí diciendo que puedo amar, que lo mío no es solo una «insana atracción», aún puedes mirar la entrada http://laspalabrasdesarausten.blogspot.com.es/2013/09/romance-platonico-veraniego-fallido-en.html de mi blog. Si aún así no lo crees, deja que hablen otros por mí. Dejaré que te des cuenta de que el panadero tan majo de la esquina puede ser gay, de que el tranquilo chico que te vende los billetes del tren puede ser transexual, de que tu profesora favorita puede ser lesbiana y de que la chica que te sonríe aunque le llenes el mostrador de palomitas puede ser bisexual. Y puede que algún exnovio, amigo, varios compañeros sean de «esas cosas raras que hace la juventud hoy en día». O somos una invasión o es que el mundo se compone de personas distintas para que cada cual desempeñe su labor. Y de personas, por cierto, que saben amar.

PD1. No me he olvidado de todos aquellos que no entran en las siglas LGBT (pansexuales, intersexuales, asexuales, hermafroditas, etc.). Como he dicho, el tema se puede subclasificar tanto que es un mar de sustantivos. Espero que, de todos modos, os hayáis sentido identificados. 

PD2. Si crees que los datos y las situaciones me las he inventado, echa un vistazo a estos links:
El día internacional contra la homofobia:
Los pingüinos alemanes homosexuales:
El caso de Zulema Constante:
LGBT en la historia:
El asesinato del joven ugandés:
http://www.vanguardia.com.py/v1/index.php/edicion-impresa/locales/item/14545-queman-vivo-a-un-homosexual-en-uganda#sthash.B3yQsigr.dpuf
Transexuales:
http://www.elmundo.es/yodona/2014/01/10/52cd8955268e3e702e8b457d.html
Conchita Wurst:
http://www.eldiario.es/sociedad/Transexuales-LGTB-acosados-discriminados-Europa_0_260024496.html
http://www.eldiario.es/cultura/Viena-felicita-Conchita-Wurst-Eurovision_0_260724163.html
Homofobia:
La ley de Arizona:
La ley rusa:

Posdata final: Como Ellen Page, «Estoy aquí porque soy homosexual. Y porque quizá pueda causar un efecto positivo, ayudar a otros a que su vida sea más fácil y esperanzadora. Siento que tengo una obligación personal y una responsabilidad social». Gracias por haber llegado hasta aquí.