25 mar. 2015

La nave de la salvación, una pequeña historia cotidiana de Sar

La capitana miró por tercera vez al vacío y comprobó que la nave de la salvación aún no había llegado, pero el sonido de su despegue era ya audible. Intentando tranquilizar a las novatas, comenzó a arengar a las otras gotas:
Fotografía de la nave de la salvación
—Caballeras, no somos damiselas en apuros. Nadie nos va a rescatar. Tenemos el futuro justo a nuestros pies y debemos luchar por él. Todo saldrá bien si mantenéis la formación serpiente: no intentéis agolparos en la llegada, o haréis que otras salgan despedidas. Id siempre hacia la bondad blanca, huid del peligro de las rejas negras que nos separarían y nos acabarían diluyendo en agua, o peor, vaporizándonos. Nadie sabe qué ocurre más allá del blanco. Sin embargo, sí sabemos qué ocurre en él: la comida y la bebida siempre están seguras. ¡Luchemos, compañeras, por la supervivencia! ¡Saltad… AHORA!
Las gotas salieron despedidas de la máquina de refrescos del cine formando un perfecto chorro que se estrelló contra el fondo blanco del vaso. Algunas de ellas perdieron a sus amigas más allá del recipiente: oyeron sus gemidos al salpicar lugares inentendibles para ellas. No lloraron; debían mantenerse unidas, debían resistir hasta que la tapa de la esperanza las dejara encerradas en aquel lugar. Las que habían aprendido el lenguaje de los humanos eran capaces de leer lo que ponía en la parte superior de la nave de la salvacion: «Food Safe».
Todas respiraron aliviadas cuado el dependiente dejó el vaso sobre la barra. Algunas miraron con tristeza a las que seguían allí, intentando olvidar a las que quedaban atrás. Sin embargo, algunas gotas de agua de condensación suicidas comenzaron a descender por el exterior, gritando consignas libertarias, intentado salvar a las gotas de Coca-Cola que jamás podrían volver a la nave. Los quejidos desaparecieron cuando una mano hizo zarpar al recipiente.
Detalle de "Food Safe"
El hombre salió del lugar con rapidez, cruzó la calle y entró de nuevo en el estudio, tendiéndole el refresco a una técnico de sonido. La mujer se lo agradeció sin quitarse los cascos de música y dio el primer sorbo. Ella no lo oyó; sin embargo, Dan Reynols se volvió de inmediato preguntando si alguien había oído un pequeño gritito. El resto del estudio negó con la cabeza. Las gotas supervivientes habrían asentido si hubieran tenido fuerzas: se acababan de dar cuenta de que su enemigo mortal, un animal de imparables jugos gástricos, las iba a descomponer.
—¿Seguro que no habéis oído un grito?—volvió a preguntar el cantante. Ante la negación de todo el equipo, se encogió de hombros—. Tal vez es que esta canción necesita un efecto de sonido así.
La técnico de sonido siguió bebiendo su Coca-Cola hasta que la terminó y la tiró en la papelera. Las gotas moribundas intentaron huir de la nave maldita. La mujer, por su parte, escribió en su cuaderno de notas: «Se añade un sonido rítmico parecido a un pequeño grito a la canción “I Bet My Life”».

Escrito en Whatsapp entre las 22:13 y las 22:27.